p2p

Es el virus del 2008. Se propaga entre las sociedades de gestión de derechos de autor de todo el mundo. Y los sí­ntomas son unas ganas tremendas de convertir en policí­as a los operadores que ofrecen acceso a Internet. Todo para que se dediquen a cortar la conexión a los usuarios de redes de intercambio P2P. Es el modelo que se sigue en paí­ses como Francia y ya ha llegado a España, donde la SGAE quiere copiar la idea. Ahora la moda se extiende al otro lado del charco, pues en Estados Unidos la RIAA planea hacer lo mismo.

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Cuando decimos RIAA, piénsese en una versión a la americana de la SGAE. Un organismo formado y mantenido por las grandes discográficas del paí­s y que ha seguido estrategias tan patéticas como proponer a los internautas que paguen sus multas sin pasar por juicio. Hasta ahora, la persecución de quienes comparten música por Internet en Estados Unidos consistí­a en llevarlos a juicio. Pero el Wall Street Journal revela que la RIAA está negociando con algunos operadores para aplicar el incipiente modelo europeo.

¿Y eso en qué consiste? Pues cuando la RIAA tenga sospechas de que un usuario concreto usa programas como eMule o BitTorrent, se lo notificarí­a a su operador. Entonces, el operador se lo harí­a saber al usuario, quien, por supuesto, puede seguir descargando sin cambiar de actitud. Tras un número indeterminado de avisos (en Francia, por ejemplo, son tres), el operador cortarí­a la conexión de su cliente. En efecto, rescindirí­a un servicio contratado entre un particular y una empresa, para satisfacer los deseos de un tercero. En este caso, la industria discográfica.

Hablamos de esa industria discográfica a la que le da lo mismo que la compra por descarga no pare de crecer, que la tienda musical que más vende sea virtual o que una discrográfica mí­tica como Atlantic ya gane más vendiendo archivos MP3 que CDs. Da igual, el caso es seguir dando palos de ciego y hacer caja con el mismo esquema de siempre, en lugar de adaptarse a los nuevos tiempos y buscar un nuevo modelo de negocio. Aunque ello suponga cometer un atropello contra el usuario de a pie.

No hay más que fijarse en el último movimiento que ha realizado una discográfica como Warner: retirar todos sus ví­deos de YouTube. En 2006 el popular portal de ví­deos inició una ronda de negociaciones para albergar los videos de los grandes sellos musicales, y Warner fue uno de los primeros en sumarse al acuerdo, adquiriendo de paso participaciones del portal de ví­deos junto con otros como Universal o Sony Music.

Ésta fue la primera forma en la que Warner hizo dinero con el popular portal, pues poco después Google compró YouTube. Luego vinieron los ingresos por los ví­deos colgados. Y no sólo por los anuncios insertados, sino por el simple visionado de los videoclips. Lo que en un principio contentaba plenamente a los directivos de Warner, ahora se ha convertido en un “no podemos aceptar un acuerdo que no nos compense por el valor que les proporcionan las grabaciones de nuestros artistas”.

Es decir, sencillamente quieren llevarse una mayor parte del pastel de la que se están llevando hasta ahora, y retiran sus ví­deos como medida de presión. Igual deberí­an preguntarle a la productora de Avril Lavigne cómo hacer buena caja con YouTube. Pero en fin, así­ está el patio. Unos pocos consiguen aprovechar las ventajas del nuevo medio digital, mientras que otros siguen viviendo en el siglo XX.

Ví­a: CNET News / elmundo.es

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