En el mundo empresarial, los cambios raramente se producen de golpe. Es lo que sucede con la venta de música. En Estados Unidos, la tienda que más vende es virtual: iTunes. Pero las discográficas aún siguen haciendo más caja con los CDs y DVDs que con las descargas. Pero ya hay una excepción: Atlantic Records, un sello de Warner Music que lleva a artistas acuales como Bjí¶rk o Craig David. Aunque quizás es más recordado por artistas tan históricos como Ray Charles, Michael Jackson o Led Zeppelin. Pues bien, este sello afirma que actualmente las descargas de MP3 y politonos para el móvil suponen el 51% de sus ingresos.

Eso sí­, hablamos sólo de sus ventas en Estados Unidos. Pero supone un caso especial respecto a la situación general de todas las discográficas. Sin ir más lejos, los datos globales de su propietaria, la citada Warner, hablan de sólo un 27% de beneficios derivados de la música en descarga. Puede ser más o menos previsible que, con el tiempo, la mayorí­a de sellos irán viviendo la misma situación que Atlantic. Lo que ya no está tan claro es que la distribución digital vaya a ser tan rentable como los formatos fí­sicos.

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Las previsiones generales de la consultora Forrester Research, sin distinguir entre un formato y otro, afirman que en 2013 las ventas de música en Estados Unidos supondrán 7.266 millones de euros, frente a los 7.980 millones de 2007 o los 11.530 millones que se consiguieron en 1999, justo al final de la época dorada del CD. Jeff Zucker, director ejecutivo de NEC Universal, afirma que la industria está pasando “de dólares analógicos a peniques digitales”.

En lí­neas generales, ésa es precí­samente la visión de la mayorí­a de discográficas. Claro que también es una postura bastante interesada. Al usuario de a pie pueden importarle bien poco los beneficios de la industria. Y valora más las tiendas virtuales porque uno puede comprar cómodamente las canciones que más le gusten sin moverse de casa. Adiós a los dí­as en los que habí­a que desplazarse hasta una tienda fí­sica y pagar un precio desorbitado por un disco entero, donde más de la mitad de las canciones pueden ser perfectamente de relleno.


Hay quienes explotan más esta forma de distribución, como el grupo Nine Inch Nails, y otros que directamente se niegan a ella, como vimos con The Cure o AC/DC. Así­ que, para valorar si la música en MP3 pueda llegar a ser tan rentable para la industria como lo fueron en su dí­a el vinilo, la casete o el CD, quizás serí­a mejor esperar a que todos los sellos y artistas apuesten de verdad por aprovechar las virtudes de lo digital.

Y es que la industria deberí­a plantearse seriamente cambiar de estrategia. Los tiempos cambian, y lo que no se puede hacer es anquilosarse en un esquema inmovilista. Podrí­an tomar este sencillo ejemplo: hoy en dí­a la gente revela sus fotos con mucha menos regularidad que antes, y por ello las clásicas tiendas de revelado se han convertido en negocios donde uno puede adquirir muchos otros productos y servicios: fotos de carnet al instante, books personales, tarjetas de memoria para la cámara digital, impresiones en tazas y camisetas…

Y lo hacen sin intentar criminalizar a quienes ven sus fotos en el ordenador (como sí­ hace la industria musical con los usuarios de redes P2P) ni promover impuestos sobre productos tecnológicos que sirvan para ver fotos (como sí­ hace la industria musical a través de organismos como la SGAE y su canon digital sobre todo aquello que pueda reproducir música). Con esto no queremos decir que los propietarios de tiendas de revelado no tengan problemas para reconvertirse a la nueva era digital. Pero al menos, lo intentan a base de trabajo duro y diario y sin hacer ruido ni pedir medidas injustas.

En lugar de ello, la mayorí­a de discográficas no sólo no buscan nuevas formas de explotar de verdad Internet y las descargas, sino que siguen insistiendo con nuevos formatos fí­sicos tan absurdos como el single USB o las tarjetas SlotMusic. ¿Qué tal si promoviesen más giras y conciertos de los grupos a los que llevan, que es donde de verdad el público está dispuesto a pagar una buena cantidad de dinero por la música? No, lo que quieren es lo de siempre: esperar a que el dinero les llegue a espuertas a través de grabaciones de estudio.

En conclusión: podrí­an aplicarse a sí­ mismos la filosofí­a que expone Julie Greenwald, presidenta de Atlantic Records, en la siguiente frase: “asegurarte de que todos tocan las notas correctas justo en el milisegundo correcto”: Pero cuando la industria va por un lado muy distinto del que quiere el público e incluso del que persiguen algunos artistas, va a ser muy difí­cil que haya armoní­a. El resto es llorar por no haber hecho bien el trabajo que a uno le corresponde.

Foto de Larry He’s So Fine / Ví­a: New York Times

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