M.2, SATA 3, NVMe... Todo lo que necesitas saber si vas a comprar un SSD 1

El coste de fabricación de las memorias ha bajado considerablemente desde la primera mitad del año, lo que ha repercutido en el precio final de la memoria RAM y las memorias de estado sólido, también conocidas como SSD. Lo que caracteriza a este tipo de memorias respecto a un disco duro convencional es precisamente la velocidad de escritura y lectura, que en algunos casos puede multiplicar por 40 la de un disco mecánico. El problema es que existen multitud de formatos, estándares y conexiones. M.2, SATA 3, NVMe, PCIe… En esta ocasión desgranaremos cada uno de estos conceptos para arrojar algo de luz en torno a los nuevos tipos de memoria.

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PCIe vs SATA, cuando la velocidad de lectura y escritura depende del estándar de conexión

Antes de hablar de los diferentes tipos y formatos de los SSD, conviene conocer el estándar de conexión que utilizan para determinar la velocidad de lectura y escritura. A la hora de conectar una unidad de estado sólido a la placa base de nuestro ordenador, podemos recurrir a dos tipos de conexión.

La primera y más popular es la conexión SATA, que es la conexión que los discos duros convencionales utilizan para conectarse a la placa base. La última versión conocida de este estándar es SATA3, con velocidades de acceso limitadas a 600 MB/s aproximadamente.

Este tipo de conexión es especialmente popular entre los equipos lanzados hace aproximadamente un lustro, aunque también se encuentra presente en equipos modernos de bajo coste. No ocurre lo mismo con el estándar PCIe, que está destinado a equipos actuales, generalmente de gama media y gama alta.

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La principal y más importante diferencia entre SATA3 y PCIe la encontramos precisamente en las velocidades de lectura y escritura soportadas. Por ejemplo, el estándar PCIe 4.0 es capaz de ofrecer hasta 2.000 MB/s en un solo carril, mientras que la versión 5.0 ofrece prácticamente el doble, 4.000 MB/s, ambos valores aproximados.

La razón de estas tasas de transferencia se debe a que la conexión hace uso de la misma tecnología que los carriles usados para conectar una tarjeta gráfica. De hecho, lo común en este tipo de conexiones es que el fabricante destine al menos cuatro carriles para la conexión PCIe, por lo que la velocidad final se multiplica por cuatro.

SATA3 vs M.2, definiendo el formato y la interfaz de los discos

Tras aclarar los diferentes estándares de conexión, toca hablar de la interfaz y el formato de las conexiones y los discos, comenzando por SATA3. Aunque no se define como un tipo de formato, el estándar hace uso de una interfaz específica para intercambiar datos entre el disco duro y la placa base.

sata 3 vs m2 ssd

Esta conexión es la misma que podemos encontrarnos en anteriores iteraciones del estándar, como son SATA2 y SATA. Lo que caracteriza a esta interfaz respecto a la interfaz del estándar M.2 es que requiere de una fuente de alimentación externa para funcionar. Esto se traduce en que tendremos que usar dos cables a la hora de conectar un disco duro a placa, uno para intercambiar datos y otro par suministrar energía al componente.

Si hablamos de la conexión M.2, la interfaz supone una evolución respecto a la interfaz empleada en el estándar SATA3. Primero, porque la interfaz se integra directamente en placa, eliminando cables y conexiones innecesarias. Y segundo, porque no requiere de alimentación externa.

SATA3 vs NVMe, el tipo de disco duro define la velocidad final de lectura y escritura

Ya conocemos las bondades y desventajas de los diferentes estándares e interfaz. Toca elegir, por fin, el tipo de disco duro, o mejor dicho, el tipo de SSD.

A fecha de hoy, podemos encontrar diferentes formatos de SSD. El más popular y económico está basado precisamente en el estándar SATA3. Este tipo de unidades son más grandes que un SSD de tipo NVMe, aunque lo cierto es que podemos encontrarnos SSD SATA3 con interfaz M.2. De hecho, en forma y tamaño no se diferencia de los SSD NVMe. Entonces, ¿qué define a un disco NVMe?

ssd sata iii

SSD de Crucial con interfaz y tecnología SATA3.

Como sus propias siglas indican, las unidades SSD con tecnología NVMe aprovechan todas las ventajas de la conexión PCIe, por lo que su precio es significativamente más alto que el de un SSD con conexiones SATA3 y formato M.2. Curiosamente, las diferencias de precio se han ido reduciendo durante este año con el paso de los meses.

Por ejemplo, este modelo de Crucial de 512 GB con interfaz M.2 y conexión SATA3 cuesta 68 euros en Amazon. Este otro modelo de Sabrent con la misma capacidad e interfaz pero con tecnología NVMe cuesta tan solo 7 euros más.

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SSD de Crucial con interfaz M.2 y tecnología SATA3.

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SSD de Sabrent con interfaz M.2 y tecnología NVMe.

La velocidad de lectura y escritura conseguida por el primer modelo oscila entre los 500 y los 550 MB/s, mientras que la velocidad del segundo supera los 3.400 MB/s. Dicho de otra manera, el modelo de Sabrent es casi 7 veces más rápidos que el SSD de Crucial.

Entonces, ¿puedo instalar un SSD NVMe en una interfaz M.2 con tecnología SATA3?

Lo cierto es que no. Y no solo por la incompatibilidad entre tecnologías, sino también por las diferencias entre las conexiones físicas. Ya hemos hablado de que la conexión M.2 se integra directamente a placa. Lo que no hemos explicado es que esta conexión se presenta en diferentes formas.

En la conexión M.2 con tecnología SATA3, la interfaz estará separada por dos hendiduras, las cuales separan los canales de transferencia de datos con los pines destinados a proporcionar energía a la unidad. En cuanto a la conexión M.2 con tecnología NVMe, la interfaz queda limitada por una única hendidura, tal y como se puede apreciar en las imágenes.

ssd sata vs nvmw

SSD NVMe arriba y SATA3 abajo.

A esto hay que sumarle que algunos fabricantes como Apple desarrollan sus propias interfaces, por lo que tendremos que recurrir a adaptadores de terceros para, por ejemplo, conectar una unidad SSD NVMe. En cualquier caso, este diseño se limita exclusivamente a los ordenadores Mac con SSD reemplazables. Lo más recomendable es conocer primero el estándar soportado por nuestra placa, así como el tipo de conexión, para elegir un SSD acorde a nuestras necesidades.

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