Aquellos maravillosos anuncios 5Hubo un tiempo en el que la publicidad no era sinónimo de miles de correos electrónicos en tu bandeja de entrada. Ni miles de ventanitas emergentes impidiendote navegar por Internet cómodamente. Ni un mensaje SMS cuando estás durmiendo la siesta. Hace algunas décadas (desde los 50 hasta los años de la transición), la publicidad consistí­a en sencillos carteles o en anuncios de televisión en blanco y negro. A pesar de todo, los cacharros que promocionaban nos parecí­an la repanocha. Echemos la vista atrás y repasemos cómo eran los reclamos comerciales entonces.

Hay que reconocer que algunas cosas han cambiado y otras no tanto, como las triquiñuelas de los publicistas para encandilarnos sutilmente. ¿O no te parece sospechoso que este televisor “portátil” aparezca de frente, sin que se vea el grosor? Hoy en dí­a, en plena fiebre de las pantallas planas, ya no seria necesario ocultar la parte lateral, sino que serí­a obligatorio mostrarla.

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Tanto entonces como ahora, una cara conocida siempre ayuda a vender el producto. ¿Quién mejor que Johan Cruyff, el famoso futbolista del F.C. Barcelona, para vendernos unos slips? Pensándolo bien, no es tan distinto a vender ropa interior con diseños de Nintendo o el iPhone.

¿Y qué decir del popular Simca? ¡Qué potencia, qué espacios, qué comodidad! Diseño inspirado en las cajas de zapatos menos areodinámicas, y sin reproductor de DVD para que los niños vayan entretenidos durante las 6 horas de viaje a Benidorm.

También seguimos viendo spots que intentan concienciar a la población, pero en un tono muy distinto. ¿Te acuerdas del “mantenga limpia España”, o de la pegadiza canción del “yo sí­ como patatas”? Un juego de niños comparados con los actuales anuncios contra la piraterí­a.

http://www.youtube.com/watch?v=qsI7phrNOw4

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Algunos nos pasábamos semanas enteras ahorrando para poder comprar el último número de nuestro tebeo (que no cómic) favorito y disfrutar de las aventuras de El Capitán Trueno o El Guerrero del Antifaz. Eso, cuando no tení­amos que conformarnos con verlo en el escaparate. Y pensar que ahora tenemos miles de cómics de Marvel a un solo clic de ratón.

Aquellos maravillosos anuncios 5En aquella época, incluso algo tan nimio como una nueva gama de bolí­grafos de Bolí­n era motivo suficiente para llenar una página a todo color. Pero que un boli grabase en audio la explicación del profe y la sincronizase con nuestros apuntes era imaginable sólo en las pelí­culas de James Bond.

Y así­ podrí­amos seguir durante dí­as, recordando todos aquellos productos y trastos que entonces eran lo máximo: el cassette con discoteca, el Seat 124 y el 600, el Volkswagen Escarabajo, las Mirindas, el Cinexin, la familia Telerí­n y un interminable etcétera. Queda claro que la tecnologí­a no sólo ha cambiado nuestras vidas, sino también los métodos de publicitarse a sí­ misma.

Confiamos en que, concluido otro puñado de décadas, podamos mirar atrás de nuevo y recordar los tiempos en los que pagábamos un absurdo canon digital o tení­amos unas conexiones de banda ancha que daban auténtica risa. Porque eso significarí­a que son cosa del pasado.

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