Cuando no tenÃÂamos Internet ni redes sociales era muy fácil zanjar la vida social de alguien que habÃÂa fallecido. Eliminábamos su teléfono de la agenda tachándolo con un bolÃÂgrafo, ÃÂbamos al funeral y nos despedÃÂamos para siempre. El acto era muy doloroso, pero...









