En España, los proveedores de acceso a Internet cobran por servicios que luego incumplen sistemĂ¡ticamente. Nos referimos a las velocidades de conexiĂ³n: cuantos mĂ¡s megas prometen, mĂ¡s falsa resulta su publicidad. Por fin, parece que el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio quiere atajar este problema. La idea serí­a prohibir aquellas ofertas que, a la hora de la verdad, no cumplan como mí­nimo con el 80% de la velocidad prometida.

Nunca es tarde si la dicha es buena. Eso sí­, de momento sĂ³lo es una medida provisional que se presenta hoy al Consejo Asesor de Telecomunicaciones para la Sociedad de la InformaciĂ³n, dentro del borrador de la futura carta de derechos de los usuarios. Todo viene motivado porque en las velocidades mĂ¡s altas, como las de «hasta 20 megas«, (nĂ³tese la presencia de la palabra «hasta«) los operadores no llegan a cumplir ni con la mitad de lo prometido.

En velocidades mĂ¡s bajas sí­ que se supera el 80% de lo prometido. Incluso en modalidades como la de 12 megas, algunos operadores minoritarios consiguen buenos resultados. Pero en los servicios mĂ¡s veloces, y especialmente en las conexiones por ADSL, las dificultades tĂ©cnicas suponen una gran barrera. Por ejemplo, la distancia entre la central que distribuye la señal y el hogar que la recibe. Si vivimos a mĂ¡s de 1.200 metros de una central, es tĂ©cnicamente imposible que consigamos ese 80%.



Pero, a pesar de todo, los operadores no dudan en ofrecer las modalidades de 20 megas en aquellas zonas donde saben de antemano que no van a poder cumplirlo. La astuta argucia que usan es emplear la famosa frase «hasta 20 megas», que bien puede significar que sĂ³lo conseguiremos 8 Ă³ 9. Al final, sĂ³lo el 10% de quienes tienen contratada esta velocidad consiguen los 16 megas que marcan la barrera de ese 80%.

La reacciĂ³n de los operadores, bastante previsible, ha sido catalogar la medida de una barbaridad, segĂºn leemos en Inetrnet. Critican que el Ministerio peca de un desconocimiento total de la tecnologí­a, ya que resulta imposible predecir con exactitud la velocidad que va a poder disfrutar cada hogar, debido a un sinfí­n de condiciones tĂ©cnicas. Resulta curioso ver cĂ³mo reaccionan algunas empresas cuando reciben su propia medicina.

Y esto lo decimos porque, con su publicidad, los operadores pecan de un desconocimiento total de la honradez, el respeto a los consumidores y, para mĂ¡s inri, todos esos principios de responsabilidad social que tan orgullosamente pregonan. Y si resulta imposible determinar la velocidad real a priori, mĂ¡s imposible es aĂºn que, a posteriori, los operadores reduzcan la factura para cobrar la parte proporcional de la velocidad ofertada.

Si se aprueba la medida, los operadores tendrĂ¡n que revisar cada lí­nea e informar a cada cliente de la velocidad real que disfrutan ¿Y luego quĂ©? ¿Se reducirĂ¡n las facturas como se ha propuesto en Reino Unido? HabrĂ¡ que estar pendientes de las decisiones finales, porque todo puede quedarse en un detalle para la galerí­a por parte del Ministerio. No olvidemos que su responsable, Miguel SebastiĂ¡n, piensa que las conexiones españolas son mĂ¡s baratas que las europeas y que el ADSL rural es poco menos que una maravilla. Y luego algunos se preguntarĂ¡n por quĂ© en este blog hablamos del ciberdespacio en lugar de banda ancha.