Nueve mujeres que marcaron un antes y un después en el mundo de la ciencia

Sin ellas nada sería igual. Estuvieron allí – o siguen estando – en algún momento de nuestra historia y aportaron algo muy importante que, fuera grande o pequeño en ese momento, hoy se ha convertido en un paso gigantesco para toda la humanidad. Pero hay algo todavía más significativo.

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Todas las personas de las que hoy queremos hablarte, y que aquí solo son nueve, son mujeres. Así, además de hacer aportaciones muy importantes al mundo de la ciencia, contribuyeron a saltar un obstáculo: el de la invisibilidad. Muchas de ellas tuvieron que trabajar a la sombra de los hombres, que no en pocas ocasiones se apoderaron de sus logros.

Hoy repasamos la vida y la obra de nueve mujeres que marcaron un antes y un después en el mundo de la ciencia. Ninguna de ellas te dejará indiferente, puedes estar seguro.

margaret hamilton

1. Margaret Hamilton

Margaret Hamilton es científica computacional, matemática e ingeniera de sistemas. Nació el 17 de agosto de 1936 y fue directora de la División de Ingeniería de Software del Laboratorio de Instrumentación del MIT. Junto a su equipo, fue la encargada de desarrollar el software de navegación para el Programa Espacial Apolo. El mismo que permitió que la nave Apolo 11 aterrara en la superficie lunar.

El día 20 de julio de 1969, minutos antes de que la Apolo 11 llegara a la Luna, comenzó a recibir en su ordenador mensajes de error. Algo no iba bien. Por suerte, Margaret había sido capaz de programar bien el sistema, para que se centrara en una tarea principal e hiciera caso omiso a cualquier otra.

Así, aunque el primer pie en la Luna lo puso un hombre, es evidente que nada habría sido posible sin la capacidad de programación, la inteligencia y la obstinación de una mujer. Por suerte, su labor ha sido ampliamente reconocida en vida. El 22 de noviembre de 2016, Margaret Hamilton recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, otorgada por Barack Obama, entonces presidente de Estados Unidos, por todo el trabajo desempeñado en las misiones Apolo.

matilde montoya

2. Matilde Montoya

Se llamaba Matilde Petra Montoya Lafragua y nació y murió en Ciudad de México (1859-1939). Fue la primera mujer mexicana que consiguió el grado académico de médica. En 1887 consiguió su doctorado. Y lo cierto es que nada de esto fue un camino de rosas.

Por suerte, su madre la apoyó desde el principio, cuando se dio cuenta que era excepcionalmente lista. A los cuatro años leía y escribía, así que a los 16 años empezó a estudiar para ser matrona. Más adelante, entró en la Facultad de Medicina, porque su sueño era el de ser médica.

Allí le decían que una mujer no podía ser médica y hasta el mismísimo presidente de México tuvo que interceder dos veces para que no la expulsaran de la universidad y le dejaran hacer los exámenes finales. Al mismo tiempo, el presidente aprobó una ley que permitía que las mujeres pudieran estudiar medicina y ser médicas.

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3. Mae C. Jemison

Nacida en Decatur (Alabama) en 1956, Mae Jemison es una ingeniera, física, médica y astronauta de la NASA, además de la primera mujer afroamericana que viajó al espacio. Desde pequeña su pasión era experimentar con todo, así que cursó una ingeniería química, estudió medicina y aprendió ruso, swahili y japonés. Como médica trabajó de voluntaria en Camboya y Sierra Leone.

Más adelante quiso intentar lo de ser astronauta. Su solicitud de ingreso en la NASA fue aprobado y después de un año de pruebas, fue enviada al espacio en un transbordador. Como era médica, hizo pruebas sobre cuestiones como la ingravidez, los mareos y demás cuestiones que afectan a los astronautas allá arriba.

Años después, se dio cuenta que su verdadera vocación era la medicina, así que siguió trabajando con los pies en la tierra. Aunque lo hizo con una empresa que usa satélites para mejorar la salud de las personas en África.

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4. Ameenah Gurib-Fakim

Puede que no hayas escuchado su nombre en demasiadas ocasiones, pero la contribución de Ameenah Gurib-Fakim es fundamental en el estudio de las plantas. Presidenta de Mauricio, la científica tiene una pasión y son las plantas. Durante su vida como científica ha analizado cientos y cientos de hierbas aromáticas y medicinales y flores y se ha declarado fan absoluta del baobab, un árbol que recoge infinidad de utilidades y propiedades.

Para Ameenah, los bosques son auténticos laboratorios biológicos, con infinidad de información vital, tanto para los humanos como para cualquier otra especie que habite este planeta. Su trabajo como presidenta de Maurici es fundamental para las personas, los animales y las plantas.

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Jane Goodall (National Geographic)

5. Jane Goodall

De todas estas mujeres de las que hoy queríamos hablarte, Jane Goodall probablemente sea una de las más conocidas. No en vano, su labor como primatóloga ha sido fundamental para la investigación de los chimpancés en el mundo. De hecho, no hay otra persona que se haya acercado tanto a ellos. Lo ha hecho durante más de 50 años, en las que ha obtenido infinidad de conclusiones, no solo vitales para los animales, sino también para los humanos y todo lo que sabemos sobre la evolución.

Nacida el 1934 en Londres, Jane Goodall es considerada la mayor experta de chimpancés del mundo, muy a pesar de que cuando se adentró en el Parque Nacional Gombe Stream de Tanzania para sumergirse en la vida de los chimpancés salvajes, no contaba con formación alguna.

Además, es la fundadora del Instituto Jane Goodall y el programa Roots & Shoots (Raíces y Brotes) para el bienestar de los chimpancés. En una ocasión en la que Jane curó a un chimpancé herido, al dejarlo en libertad, el chimpancé se giró y le dio un abrazo como señal de agradecimiento.

Florence Nightingale

6. Florence Nightingale

Florence Nightingale (Toscana, 1820 – Londres, 1910) fue enfermera, escritora y estadística británica, que fue considerada la precursora de la enfermería profesional moderna. Era una amante de las matemáticas y de la ciencia, así como una fan de los datos: allá donde iba, apuntaba información que le parecía interesante.

Era tan buena que el gobierno de su país la envió a atender soldados heridos en la guerra de Crimea. Y estudió todos los datos que tenía a su alcance. Allí descubrió que el motivo por el que los soldados morían poco tenía que ver con las heridas de guerra, sino con las infecciones y enfermedades adquiridas en el mismo hospital.

Los pacientes la bautizaron como la dama de la luz, porque por las noches se paseaba con una luz para hablar y darles ánimo. Trabajó intensamente para que los hospitales fueran espacios seguros, limpios e higiénicos, requisito primordial para salvar vidas. También consiguió para que el personal médico y de infermería se tomara en serio hábitos tan sencillos como lavarse las manos, un gesto imprescindible para evitar contagios y la propagación de enfermedades.

Grace Hopper

7. Grace Hopper

Todo empezó de pequeña. Grace Hopper, que nació el 1906 en Estados Unidos, quería descubrir cómo funcionaba la alarma del reloj. Y se empeñó en desmontar, pieza a pieza, todos los relojes que tenía en casa. Un total de siete. Cuando creció fue profesora de matemáticas y de física y durante la Segunda Guerra Mundial, se alistó en la Marina.

Allí conoció a Mark I, un ordenador que ocupaba una habitación entera. Nadie sabía muy bien cómo usarlo, porque era el primero del mundo. Trabajó intensamente para comprender su funcionamiento. De hecho, desarrolló programas que funcionaron en Mark I y en sus sucesores que luego sirvieron al ejército de Estados Unidos para descodificar mensajes secretos enviados por los enemigos.

Además, Hopper fue la que hoy podríamos denominar la precursora del lenguaje COBOL, hoy todavía usado en la programación de altos vuelos. Desde muy pequeñita mostró serias aptitudes para las ciencias y las matemáticas y uno de sus referentes fue Alexander Russell, almirante de la Armada de los Estados Unidos. De hecho, ella llegó tan lejos como él.

Nettie Stevens

8. Nettie Stevens

Quería ser científica y lo consiguió. Nettie Marie Stevens nació en Vermont (1861) y falleció en Baltimore (1912) y era profesora. Pero lo cierto es que ahorró todo el dinero que pudo para marcharse a California. Allí se matriculó en la Universidad de Stanford y se obsesionó con una cuestión: ¿por qué los niños son niños y las niñas son niñas?

Resolver un misterio que había preocupado a toda la humanidad durante mucho tiempo costó lo suyo. Y trató de hacerlo mediante la investigación de los gusanos de la harina. Después de haber estudiado durante horas y más horas sus células en el microscopio, descubrió que las larvas femeninas tenían 20 cromosomas grandes, mientras que las larvas masculinas tenían 19 cromosomas grandes y uno de más pequeño.

Había descubierto el gran secreto. Y aunque había otro científico llamado Edmund Wilson que descubrió algo parecido al mismo tiempo, no fue capaz de darle ninguna importancia. Él creía que el género estaba afectado por el entorno y no: en realidad todo era una cuestión de cromosomas.

Ann Makosinski

9. Ann Makosinski

La última mujer de la que hoy te hablaremos se llama Ann Makosinski y es la más joven de todas ellas. De hecho, nació el 1997 en Canadá. En su casa no había electricidad, así que cuando era de noche no podía estudiar. Un día se propuso solventar ese problema. ¿Y si fuera capaz de idear una lámpara que fuera capaz de alimentarse a través del calor corporal?

Al final consiguió construir una linterna nueva y misteriosa, a la que llamó linterna vacía y con la que ganó el primer premio en la Feria de la Ciencia de Google. Hoy Ann es considerada una de las inventoras más prometedoras de nuestro tiempo. Su idea es la de poner a disposición de todas las personas que no puedan tener electricidad linternas vacías y hacerlo de forma gratuita.

Ann apenas tiene 20 años, pero lo cierto es que se trata de una de las figuras más prometedoras en el  campo de las ciencias y la invención. Su pasión por las ciencias y sus habilidades artísticas la han llevado, no solo a crear esta linterna que aprovecha el calor humano, sino también una taza que aprovecha el exceso de temperatura de un café para cargar dispositivos electrónicos, como móviles o reproductores de música.

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