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¿Quién no ha recibido, durante su estancia en Facebook, una invitación para jugar a Farmville? A los que todaví­a no se hayan enterado, y eso que ya existe en el propio Facebook hasta un grupo de detractores, les diremos que Farmville es el videojuego rural más apreciado de la historia. No hace falta ensuciarse las manos, romperse la espalda o quemarse el pellejo a pleno sol. A Farmville se juega sentado, delante de un ordenador con conexión a Internet y cuenta en Facebook. ¿A cambio? La satisfacción virtual de recoger lo que has sembrado, de cultivar fresones, invertir en caserones, comprar miles de gnomos para el jardí­n y hasta adquirir tu propio rebaño de vaquitas. Más idí­lico, imposible.

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Farmville es, como casi todo lo que entretiene en Facebook, una aplicación creada por otra empresa independiente con vocación de negocio. Por este motivo, para jugar hay que confirmar nuestra voluntad de ceder la dirección de e-mail, así­ como los datos de nuestros contactos en Facebook. Transcurrido este trámite engorroso (al que cabe prestarle importancia) Farmville ofrece al jugador una larga retahí­la de consejos e instrucciones para sembrar, cosechar con éxito y obtener al cabo de horas o dí­as beneficios en forma de moneda no tangible. Esto es, el dinero que nos permitirá luego comprar en el mercado de Farmville: semillas de frutas y hortalizas variadas, animales pequeños y grandes, manzanos, cerezos, naranjos, castillos, chozas y hasta granjas.

Eso sí­, hay que pasar varias horas dándole a la azada para conseguir dinero suficiente como para pasar de nivel y ampliar el complejo agrí­cola hasta lí­mites insospechados. Y es que el éxito de Farmville no tiene precedentes. Los datos dicen que en Facebook el terreno cultivado tiene una extensión similar a la de toda Europa y el número de granjeros equivale a toda la población de España y Portugal. Se comenta que la cifra de granjeros supera en sesenta veces a los que trabajan en la vida real en el territorio estadounidense. Lo que supondrí­an unos 80 millones de usuarios que dí­a a dí­a dedican unas cuantas horas a cultivar berenjenas, vender los huevos de sus gallinas o acariciar a sus apuestos caballos.

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A ciertas alturas hay quien ha logrado hacerse con varios tractores, construido su propio caserón de campo o incluso criado una reluciente granja de caballos. Farmville engancha, como cualquier videojuego de estrategia que nos anime a tomar nuestras propias decisiones. Y eso es muy tentador, cuando la realidad del campo está para muchos tan alejada como para convertirse en algo exótico. En la actualidad, buena parte de los usuarios de Facebook ya han probado los efectos de este bálsamo agrí­cola al que también le han salido detractores creando grupos de odio incondicional a las granjas más célebres de la Red.

Fotos de: cheesy42

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