En el debate sobre el futuro del libro electrónico, hay posturas para todos los gustos. Y con el reciente lanzamiento del Kindle, comercializado por la popular tienda online Amazon, los usuarios se colocan en dos posiciones muy claras.

Por un lado están los que piensan que es absurdo hacerse con un aparato tan caro (400 dólares) que sólo hace una cosa: leer texto. Los defensores de estos aparatos, en cambio, ensalzan las ventajas de la pantalla de tinta electrónica, que trata bien nuestra vista sin importar las condiciones de luz, a diferencia de lo que puede hacer un portátil o una agenda electrónica.

Lo cierto es que los lectores de ebooks, a pesar de lo que vaticinaban muchos analistas y gurús tecnológicos, no han revolucionado todaví­a nuestra forma de leer. La tendencia en el mercado de la tecnologí­a se orienta cada vez más a aparatos que integren varias funciones, como el ordenador portátil o el teléfono móvil. Pero esto es algo que a los propietarios de un Kindle, un iLiad o un Sony Reader puede traerles sin cuidado. A ellos lo que les interesa es la pantalla de papel electrónico, ya que leen regularmente y agradecen el ahorro de peso, respecto a los libros de papel, y/o la comodidad visual con respecto a la pantalla del ordenador.

Nuestra intención no es volver a entrar en el ya desgastado debate sobre si es mejor un aparato “generalista”, por así­ llamarlo, u otro que tenga una sola aplicación pero la ejecute con unas condiciones especiales y difí­ciles de encontrar en otros dispositivos. Cada usuario busca lo que quiere. Pero aprovechando el tema del Kindle, nos gustarí­a hacer un par de reflexiones sobre aspectos que, bajo nuestro humilde punto de vista, han sido muy mal gestionados con este nuevo lector de ebooks. Y uno de ellos es su conectividad inalámbrica.



Y es que el Kindle puede recibir datos sin cables, pero no a través de Wi-Fi, sino por tecnologí­a EVDO. Es un estándar distinto para transmitir datos por ondas de radio, y con una cobertura limitada. Según la Wikipedia, aparte de Israel, en Europa sólo está disponible en Noruega, República Checa, Rumaní­a, Rusia y algunas zonas de Ucrania. A cambio, su cobertura es bastante amplia en Estados Unidos, el principal mercado de Amazon.

La popular tienda de Internet se jacta de que esta conexión es gratuita: “Amazon paga la conexión inalámbrica del Kindle, por lo que nunca verás una factura mensual por comprar en nuestra tienda”, reza el anuncio oficial. El problema es que, en realidad, hay que pasar por caja cada vez que queramos texto nuevo sin recurrir a la tí­pica conexión por cable con nuestro ordenador. Esto puede pasar por aceptable si se trata de un libro (Amazon nos los cobra a 10 dólares cada uno), pero de ninguna manera para ver artí­culos de periódicos y blogs.

En efecto, el Kindle puede aprovechar su conectividad inalámbrica para recibir las noticias frescas de periódicos como el New York Times o populares blogs como Boing Boing y TechCrunch. También tiene acceso a entradas de la Wikipedia. Pero todo ello depende de una suscripción de pago.

¿Por qué no dotarle de conectividad Wi-Fi para aprovechar nuestra red inalámbrica doméstica y ver en la pantalla del Kindle los periódicos, blogs y páginas web libremente accesibles a través de Internet? Con lo que cuesta el aparato, ¿a qué viene cobrarnos por contenidos que, desde otro dispositivo, no tenemos que pagar un duro para ver?

A esto hay que añadir los problemas del Kindle para leer archivos en formato pdf, algo que otros dispositivos similares solucionan perfectamente. En los tiempos que corren, parece un contrasentido que un gadget que pretende ser versátil no se lleve bien con uno de los estándares de documentos mas habituales, por un lado, y no goce de conectividad inalámbrica con las redes y equipos que tenemos en nuestros hogares, por el otro.

Y menos cuando estas taras son compensadas con soluciones que implican pagar más: comprar los textos en Amazon en un formato compatible, en el caso del problema con el pdf, o suscribirnos a medios electronicos, en el caso de la ausencia de Wi-Fi. Un paso atrás, cuando se suponí­a todo lo contrario.

Por estos motivos, si algun dí­a el lector de libros electronicos llega a convertirse en ese gadget tan revolucionario que prometia ser, no creemos que sea gracias al Kindle. Preferimos esperar a que comiencen a comercializarse de verdad esas pantallas enrrollables de papel electronico, es decir, la idea con la que el libro electrónico se concebió en un principio.

Porque no olvidemos que Kindle no pasa de ser un dispositivo rí­gido, de casi 2 centí­metros de grosor con una pantalla ridí­cula de apenas 6 pulgadas.

De momento, en Japón, el paí­s más tecnológico del mundo y en el que los primeros modelos de Sony y Panasonic fracasaron estrepitosamente, los usuarios leen libros electrónicos, sí­, pero en la pantalla de su móvil. Habrá que esperar para saber como evoluciona el tema dentro de unos años.

Más información sobre el Kindle: xataka (en español) / Amazon (en inglés)

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