Quién anda detrás de las licencias que sirven para trabajar con Cabify y Uber

La cosa está que arde, también en el mundo del taxi. El Gobierno ha decidido ignorar a las VTC en la última y esperada reunión que organizó el Ministerio de Fomento. El Ejecutivo de Sánchez reunió ayer a los respresentantes del sector del taxi y decidió olvidarse deliberamente de Uber y Cabify.

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El ministro Ábalos se encontró ayer con los representantes de Fedetaxi y Antaxi, las principales asociaciones del taxi en España, además de Élite Taxi y la Plataforma Caracol, asociaciones que también luchan contra los perniciosos efectos que está teniendo el negocio de las VTC para la economía los taxistas. 

En realidad, el propósito de esta reunión era el de explicar a los actores afectados por la introducción de las VTC en nuestro país el decretazo que tiene previsto aprobar el Gobierno el próximo 28 de septiembre. En virtud de este, se transferirán a las Comunidades Autónomas las competencias regulatorias de las VTC.

¿Esto qué significa? Pues que los ayuntamientos tendrán vía libre para aprobar reglamentos como el que propone Ada Colau en Barcelona: exigir una licencia urbana extra a las VTC y limitar el número de licencias hasta el extremo de 1 VTC por cada 30 taxis. Uber y Cabify morirían literalmente en Barcelona y el resto de ciudades tendrían vía libre para su aplicación.

jose antonio parrondo

José Antonio Parrondo, en el centro, años atrás manifestándose contra el intrusismo en el taxi | Foto: La Información

Qué dice el colectivo VTC

Para adentrarnos en esto, lo primero que tenemos que saber es qué son exactamente las VTC y quién anda detrás de este negocio. Tal como explica El Confidencial, los responsables de estas empresas de licencias VTC están ya listos para pasar a la acción. La filtración de un audio pone de manifiesto cuál es el sentir de los responsables de estas plataformas.

El protagonista de esta grabación es José Antonio Parrondo, un ex líder del taxi que ahora está en el negocio de las VTC a través de una empresa llamada Cibeles Comfort Cars. Él es socio mayoritario de dos de las mayores compañías de coches de alquiler que trabajan con Uber y Cabify. El colectivo del taxi lo considera, según El Confidencial, uno de los mayores especuladores de las VTC.

En el audio en cuestión dice, literalmente: “No voy a morir matando porque pienso ganar esta batalla”. Además invita a todo el sector VTC a poner en marcha movilizaciones “bestiales”, algo que, por cierto, ellos mismos criticaron cuando los del taxi recrudecieron sus manifestaciones en la calle.

El audio es absolutamente revelador. Tanto es así que retrata fielmente la verdadera cara de Parrondo: el hombre que años atrás se movilizó para defender el taxi, pero que ahora está contra él. Cuenta que tras haber analizado la situación, los pleitos podrían alargarse tres, cuatro o incluso cinco años y dice, tal cual, “eso es la quiebra total de las compañías e irnos a la mierda”.

Llama, además, a la movilización de todas las VTC, personas y dueños para el miércoles (hoy) a las 19.00 horas. Quieren una planificación de una movilización bestial y fuerte.

¿Quién más hay detrás del negocio de las VTC?

Pero José Antonio Parrondo no es el único. Hay otro nombre propio, que es el de Juan Ortigüela. Juntos se harán con hasta 3.000 licencias. Pero además está Cabify, con una filial llamada Maxi Mobility Transporte de Viajeros, que tiene otro puñado importante.

Ortigüela lleva bastantes años vinculado al sector de las VTC y gestiona distintas flotas de vehículos. De hecho, junto a su hermano tiene una sociedad llamada Ares Capital. Una sociedad que, por cierto, está siendo investigada por la Fiscalía de Málaga por supuesta especulación con las autorizaciones para los vehículos. Ares es dueña de nada más y nada menos que 145 sociedades con nombres que suenan a VTC: VTC PI Cantabria Veintiseis, SL o VTC PI Andalucía Veinte, SL. Y es que los hermanos tienen licencias repartidas por toda la geografía.

Y luego está la propia Cabify, que tiene una sociedad llamada Maxi Mobility Transporte de Viajeros SL. Dice que apenas tiene licencias y que su participación en el mercado de las VTC es puramente testimonial. Sin embargo, tiene registradas 276. La mayoría de coches que tienen fueron matriculados en 2017 y están preparados para operar en la Comunidad de Madrid, en Sevilla y Barcelona. En la capital catalana, por ejemplo, tiene la friolera de 249: casi la totalidad de licencias que tiene en su poder.

Las previsiones del año pasado apuntaban a la posibilidad de que entre Ortigüela y Parrondo pudieran alcanzar las 3.000 licencias. Los reyes de las VTC en España facturan entre dos y cinco millones de euros, lo que nos indica que el negocio está siendo más que rentable. Hasta ahora.

Si el gobierno finalmente decide acabar de este modo el negocio de las VTC frente al sector del taxi, lo más probable es que todas licencias se vean reducidas a la mínima expresión. El problema está en que, lejos de solucionar el problema, estos colectivos inicien una verdadera guerra en las calles. En ese caso, los incidentes que se dieron durante los días de la huelga del taxi en Barcelona podrían convertirse en pura anécdota. 

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Cómo funciona el negocio de las VTC de Uber y Cabify

El mundo de las VTC no es precisamente sencillo de entender. Pero empecemos por el principio: las licencias VTC son autorizaciones para ejercer la actividad de arrendamiento de vehículos con conductor. Pero estas licencias no se han creado ahora, existen desde hace años, porque siempre han existido los chóferes y los vehículos con conductor.

Lo que ha ocurrido es que empresas como Uber o Cabify han encontrado un nicho de mercado muy suculento que explotar. Estas licencias son bastante más baratas que las de taxi, puesto que en lugar de costar 140.000 euros, pueden es valer unas 50.000.

Estas licencias son adquiridas a empresas que se dedican al negocio de la venta de las mismas. Luego, pagan un 25% de lo que los usuarios de estos coches abonan por los trayectos, en concepto de uso a los propietarios de las aplicaciones, que son Uber y Cabify. Empresas que, por cierto, llevan gran parte de sus beneficios fuera del país.

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