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Mega, el servicio de almacenamiento en la nube heredero de Megaupload, empezaba a funcionar el dí­a 20 de enero de este año. Menos de una hora después de su estreno, reuní­a más de 100.000 usuarios registrados. Antes de acabar la jornada de su debut, el contador marcaba más de un millón de usuarios registrados. Y eso que el sitio experimentó caí­das de servicio, colapsado por exceso de demanda. Once dí­as después de su nacimiento, Kim Dotcom presume de que ya alojan cerca 50 millones de ficheros. En su cuenta de Twitter, Dotcom además señala que únicamente su compañí­a ha debido retirar un 0,001 por ciento de los ficheros por notificaciones de titulares de copyright, lo que equivale a 5.000 archivos. Con eso, Dotcom pretende demostrar que Mega no es un sitio donde la piraterí­a campe a sus anchas.

De hecho, unos dí­as antes, Kim Dotcom confirmaba que Mega está atendiendo cerca de 50 solicitudes de retirada de contenidos por infracciones de derechos de propiedad intelectual al dí­a. Para el máximo responsable del nuevo cyberlocker, eso no es casi nada, sobre todo comparado con Google, que debe resolver 450.000 notificaciones al dí­a. Una comparación poco equitativa, porque el gigante de Internet opera a una escala pública masiva que poco tiene ver con el servicio de almacenamiento en la nube que lidera Dotcom.

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Mega ofrece 50 GB de espacio de almacenamiento gratis, un atractivo gancho para captar usuarios. Además, los precios de las suscripciones de pago son bastante ajustados, por lo que le está resultado fácil convencer a internautas de todo el mundo. La suscripción básica cuesta 10 dólares al mes por 500 GB de espacio de almacenamiento y 1 TB de ancho de banda. Otro de los argumentos de marketing es la privacidad, mediante el cifrado de los ficheros, que sólo el usuario puede abrir mediante claves únicas. Mega cifra por defecto todos los archivos subidos al cyberlocker, con el objetivo de nadie más que el usuario pueda entrar en el fichero, salvo que comparta la clave privada correspondiente con otras personas.

Ese sistema de cifrado está pensado para proteger a la compañí­a Mega Limited y a sus gestores, más que a los usuarios. Al menos esa es la opinión más extendida entre hackers y especialistas en seguridad informática desde su estreno. La idea es que Mega pueda alegar desconocimiento sobre el contenido de los archivos alojados para librarse de reclamaciones por violación de copyright. En realidad, el uso del servicio no es anónimo. La polí­tica de privacidad del cyberlocker incluye una cláusula que avisa sobre la recopilación de datos personales sobre los usuarios, incluyendo las direcciones IP de conexión al servicio. El nivel de seguridad de Mega no es tan alto como pregonan sus responsables. Uno de sus puntos débiles es el generador de claves, que está basado en Javascrip. Otro de los principales defectos reside en el propio sistema de cifrado, porque la clave empleada para proteger los ficheros subidos queda almacenada en los servidores de Mega.

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