Los pájaros de la pelí­cula Dumbo nunca vieron a un elefante volar. Pero hoy en dí­a podrí­an cruzarse con un suizo de 49 años surcando los cielos gracias a un motor a reacción y unas alas plegables de tres metros de envergadura colgadas de la espalda. Este hombre volador se llama Yves Rossy (también conocido con apelativos como JetMan o FusionMan), un ex-miembro de las Fuerzas Aéreas Suizas que actualmente compagina su trabajo como piloto de vuelos comerciales con sus intentos por ser el primer “hombre-pájaro” en cruzar el Canal de la Mancha.

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Por el momento no lo ha conseguido. Pero al menos vuela, a diferencia de prototipos de coche volador como el de Terrafugia, que llevan años prometiendo muchas cosas pero aún no han sido capaces de ofrecer una demostración real. Al menos, y después de muchas pruebas e intentos fallidos, Yves fue capaz de sobrevolar la localidad suiza de Bex durante diez minutos seguidos en noviembre de 2006, recorriendo un total de 35 kilómetros por el aire. Es decir, la misma distancia que recorrió Louis Bleriot cuando en 1909 realizó cruzó en vuelo el Canal de la Mancha por primera vez en la Historia.


Tras años de investigación y pruebas sobre el terreno, Yves ha conseguido crear un sistema que le permite volar a 160 Km/h. Para el diseño y personalización de los motores ha contado con la ayuda del constructor alemán JetCat, especializado en turbinas y miniaturas de aviones por control remoto. Las alas están hechas de fibra de carbono y fabricadas en colaboración con la francesa ACT Composites.

El primero de sus más de 30 vuelos exitosos se produjo en 2004, cuando consiguió recorrer 1.600 metros de forma horizontal durante unos cuatro minutos. Posteriormente ha sido capaz de volar con ligeras inclinaciones verticales. Eso sí­, necesita algunas ayudas para los momentos más cruciales en todo vuelo: el despegue y el aterrizaje, como podemos ver más detalladamente en el siguiente ví­deo.

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En honor a la verdad, no puede despegar, sino que necesita que un avión lo transporte hasta unos 4.000 metros de altitud. Luego se arroja como un paracaidista y despliega las alas accionando un sistema especial de tiradores. El siguiente paso es estabilizarse en el aire, para acto seguido activar el motor que le impulsará hacia adelante. Luego, las alas le ayudan a direccionar el vuelo de forma lateral.

Aterrizar sí­ que puede, pero ayudado por algo tan clásico (y rudimentario en comparación con el su “mochila” de vuelo) como un paracaí­das. Además de estas ayuditas, los vuelos duran pocos minutos y no pueden realizarse movimientos excesivamente picados o contrapicados. Pero algo es algo.

¿Conseguir cruzar algún dí­a el Canal de la Mancha? Esperemos que sí­ y que luego siga planteándose retos cada vez más complicados. Y que consiga realizarlos.

Ví­a: TechEBlog