Sonaba demasiado bonito como para ser cierto. En julio del año pasado el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio anunciĂ³ que obligarí­a a los operadores a ofrecer como mí­nimo el 80% de la velocidad prometida en sus modalidades de conexiĂ³n a Internet. Pero el borrador de la futura carta de derechos de los usuarios incluye una leve pero significativa aclaraciĂ³n.

El asunto tiene su miga. En julio el Ministro de Industria, Miguel SebastiĂ¡n, hablĂ³ de un 80% de la «velocidad contratada» por los operadores. Pero el borrador aclara que dicho porcentaje no se refiere a la velocidad real, sino a la «velocidad teĂ³rica». Esta Ăºltima puede calcularse antes de que se contrate la lí­nea, con una sencilla herramienta que proporciona TelĂ©fonica. Pero sĂ³lo es eso: teĂ³rica. Una vez contratado el servicio, en la prĂ¡ctica es habitual que el usuario navegue a menor velocidad.

En una modalidad de 20 megas deberí­a garantizarse una velocidad teĂ³rica de 16 megas. Pero si vivimos a 1.800 metros de la central, la velocidad teĂ³rica mĂ¡xima es de 12 megas. En este caso, el cliente no podrí­a contratar dicha modalidad, y optar por tanto por una modalidad inferior. Y aĂºn así­, nadie le garantiza que, a la hora de la verdad, vaya a conseguir ese 80%.

SegĂºn el Ministerio, SebastiĂ¡n ya en julio se estaba refiriendo a la velocidad teĂ³rica, pero no fue lo suficientemente explí­cito. Y no serí­a la primera vez que este Ministro mete la pata al hablar sobre conexiones de Internet, como quedĂ³ patente el año pasado al analizar un informe de la CMT. ¿Pero podrí­a ser que el Ministerio haya cedido ante la presiĂ³n de los operadores y ahora «donde dije digo, digo Diego»?


A nadie se le escapa la reacciĂ³n de los operadores ante el primer anuncio, al que catalogaban como una barbaridad fruto de un absoluto desconocimiento de la tecnologí­a. En CincoDí­as.com apuntan que sí­ que se ha rectificado por influencia de los operadores. Éstos arguyen que, para conocer previamente la velocidad real que el usuario obtendrí­a en el dí­a a dí­a, tendrí­an que desplazarse al domicilio y realizar un gasto de 150 euros para analizar el par de cobre. Y todo ello antes de que el posible cliente firme ningĂºn contrato ni pague un cĂ©ntimo.

En cambio, la velocidad teĂ³rica se calcula gratis y sin necesidad de desplazamiento. Por otra parte, los operadores piden que sea el cliente en Ăºltimo lugar quien decida si quiere la modalidad o no. La normativa sencillamente prohibirí­a contratar las modalidades que no se ajusten al 80%, pero esto podrí­a suponer que el usuario perdiese algunos megas de velocidad (por ejemplo, viĂ©ndose obligado a contratar 6 megas en vez de «hasta 20»).

El problema estĂ¡ en que en las modalidades mĂ¡s lentas sí­ que se cumple sin problemas el 80%, incluso en la velocidad real de navegaciĂ³n. Pero en la famosa modalidad «hasta 20 megas», apenas se logra de media el 40%. ¿Tan complicado serí­a ofrecer la modalidad que sea y luego realizar un descuento proporcional una vez instalada la lí­nea y conociendo la velocidad real? Esto ya se hace en JapĂ³n, donde por otra parte las velocidades de Internet van siglos por delante del ciberdespacio español.

Aquí­, en cambio, no sĂ³lo tenemos que aguantar conexiones lentas y caras, sino que ademĂ¡s las normativas no hacen mĂ¡s que dar falsas esperanzas al usuario, enredĂ¡ndolo todo para que a uno se le quiten las ganas de batallar por una conexiĂ³n digna.