Registro Internet de España. Un nombre muy pomposo y con aires de oficialidad. Pero la realidad es otra. Si usted registra un dominio .es puede recibir una carta como la que reproducimos arriba. Una carta que remite un supuesto Registro Internet de España. Pero que, a pesar del nombre, ni es un registro oficial. Ni siquiera es de España. En realidad, se trata de un negocio más montado por una empresa alemana llamada DAD Deutscher Adressdienst GmbH.

Que esta empresa alemana quiera hacer negocio con una base de datos de empresas y dominios .es registrados nos parece correcto. Lo que ya no nos parece tan bien es que jueguen a confundir al receptor de la carta con aires de oficialidad. Y que, además, hablen de “inscripción básica gratuita” y no mencionen en la carta en ningún momento el tema de un supuesto cobro posterior.

Además, acompañan la carta con un formulario para supuestamente corregir los datos de “su anuncio”. Sí­, su anuncio. Porque, si caes en el error de rellenar el formulario y enviarlo a la empresa, estás autorizando a la misma a que te cobren por la publicación de un anuncio. “El anuncio se facturará por 958 euros anuales y deberá abonarse a la presentación de la factura anticipadamente”.

Este peculiar negocio ha llegado incluso a oí­dos de Red.es, el organismo oficial (éste sí­) que se encarga de administrar los dominios .es en España. Y, según advierte Red.es desde su web, la empresa alemana “está realizando un uso ilegí­timo de una denominación, ” Registro Internet de España “, que pertenece a Red.es […]”. Además, “el enví­o de las cartas puede constituir un supuesto de estafa ya que ofrece un falso servicio de actualización de datos a un precio de 958 euros anuales”, según el organismo oficial. Y es que el servicio de actualizar los datos de un nombre de dominio .es sólo pueden hacerlos las empresas acreditadas ante Red.es. Además, si se actualizan los datos directamente en Red.es, se trata de un servicio gratuito.

Así­ que, ya estáis advertidos. Cuidado al abrir el correo. No hay que creerse todo lo que uno lee. Y, sobre todo, siempre hay que informarse bien. Porque las amenazas no sólo llegan en forma de mensajes de estafas bancarias o de spam por correo electrónico. Hay quien usa el correo postal de toda la vida para intentar jugar al engaño.