
Con el cambio de estación, toca poner en forma la casa. Cuando suben las temperaturas y llega la primavera, muchos aprovechan para ventilar, reorganizar armarios o dar un repaso general a la casa. Pero hay un elemento, o mejor dicho, varios, que suele pasar desapercibido entre el orden: los electrodomésticos. Frigoríficos, lavadoras, lavavajillas… Están ahí siempre, funcionando sin descanso, hasta que un día dejan de hacerlo y nos arruinan la semana. Y muchas veces, con un poco de atención, se puede evitar.
Beko, uno de los fabricantes con mayor prestigio del mercado, comparte con nosotros algunos trucos para cuidar de nuestros electrodomésticos y alargar su vida útil, en el marco de la filosofía Reliability que la marca promueve desde sus inicios, en la que sus productos son sometidos a rigurosas pruebas de resistencia para asegurar que, independientemente del uso, los consumidores puedan confiar plenamente en ellos.
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La ubicación influye más de lo que parece
Aunque no lo parezca, no todos los rincones de la casa son buenos para un electrodoméstico. Si están pegados a la pared, sin ventilación o cerca de una fuente de calor, les cuesta más mantener su temperatura interna y acaban esforzándose de más. Eso, a la larga, se traduce en consumos más altos y averías prematuras.
También hay que tener cuidado con la humedad y con los lugares donde el sol da directamente. Al fin y al cabo, un aparato que se recalienta trabaja peor y se desgasta antes, ya sea un electrodoméstico, un teléfono móvil o un ordenador portátil.
Una buena limpieza evita más de un disgusto

La acumulación de polvo, grasa o cal no solo da mala imagen, también impide que los aparatos trabajen como deben. En frigoríficos, por ejemplo, limpiar las bobinas traseras dos veces al año permite que el sistema de refrigeración consuma menos. En lavavajillas, los filtros suelen acumular restos de comida que terminan por generar malos olores o incluso atascos.
Lo mismo ocurre con las lavadoras: un filtro obstruido o un desagüe mal colocado puede desembocar en fugas o errores durante el ciclo. En zonas donde el agua es muy dura, descalcificar con cierta frecuencia ayuda a que las resistencias y circuitos no se dañen por la acumulación de cal, al igual que mantener limpias las rejillas de ventilación.
No sobrecargarlos también es una forma de cuidarlos
Tampoco ayuda tratarlos como si fueran irrompibles. A menudo, por ahorrar tiempo o por simple descuido, se tiende a llenar al máximo lavadoras, secadoras o lavavajillas. Pero eso solo consigue acortar su vida útil. En el caso de las lavadoras, una carga excesiva puede descompensar el tambor y desgastar más rápidamente los cojinetes. Lo ideal es dejar un pequeño hueco libre en la parte superior del tambor para que la ropa se mueva con libertad. También para que la colada se lave con mayor eficacia, al contar con más espacio para que el detergente espume.
Esta misma premisa se traslada a los lavavajillas: si se colocan los platos de cualquier manera o se sobrecargan las bandejas, se bloquean los brazos giratorios y el lavado no es uniforme, generando asimismo un desgaste sobre los motores. Tan importante como elegir los productos de limpieza y las cantidades correctas, pues si se usan mal, pueden dejar residuos y dañar el interior del electrodoméstico.
El mantenimiento preventivo, ese gran olvidado

Es un hecho, siempre solemos esperar a que algo se rompa para prestar atención. Pero como pasa con el coche o con el cuerpo, es mejor adelantarse. Aunque no presenten fallos, hacer revisiones periódicas nos puede evitar algún que otro dolor de cabeza. Y la razón es simple: la mayoría de los electrodomésticos tienen piezas que con el uso se van deteriorando.
Revisar manuales, comprobar si hay componentes que conviene cambiar, limpiar filtros antes de que estén taponados… Todo eso alarga la vida útil de los equipos sin necesidad de gastar dinero en reparaciones. Y si notas que hace más ruido de lo habitual, que huele raro o que tarda más en completar los ciclos, lo más sensato es actuar pronto. Ignorar las señales solo hace que los problemas crezcan.
Estar atentos a lo que “dicen” los aparatos
Un ruido que antes no estaba, un olor extraño o un comportamiento irregular nunca deberían ignorarse. Muchas veces, los electrodomésticos avisan antes de fallar del todo. En el caso de los frigoríficos, por ejemplo, si la temperatura fluctúa sin motivo o si el motor hace más ruido de lo normal, puede haber un fallo en el termostato o una obstrucción.
En lavadoras, golpeteos durante el centrifugado pueden indicar problemas con el tambor o los amortiguadores. Cuanto antes se detecte el síntoma, más fácil y económico será ponerle solución, si es que todavía no es demasiado tarde para actuar.
Los productos de limpieza también cuentan
No todo vale cuando se trata de limpiar un electrodoméstico. Utilizar productos abrasivos o esponjas metálicas puede dañar irreversiblemente la superficie, sobre todo en modelos de acero inoxidable o con pantallas. Lo mejor es optar por limpiadores suaves y especializados para cada material, combinados con paños de microfibra que no rayen ni dejen residuos. Además de mantener el aparato como nuevo por fuera, respetan los componentes internos, alargando así su vida útil.




