pinksky social app

Muchas personas, entre las que me incluyo, nos hemos cansado de los algoritmos que promueven ciertos discursos a través de redes sociales como X o Instagram. Bluesky surgió precisamente como una red social descentralizada que pretendía poner al usuario en el centro. Y con la misma premisa nace Pinksky, una suerte de Instagram de los mismos creadores de Bluesky que busca ofrecer una experiencia más auténtica y centrada en el usuario. Disponible en versión web, Android y iPhone, tras probarla durante un par de días, te cuento mi experiencia con Pinksky y si merece la pena o no instalarla.

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Lo primero, ¿qué es Pinksky?

Pinksky es una nueva red social que se ha construido sobre la plataforma Bluesky, ofreciendo una experiencia similar a Instagram, por no decir calcada, pero con la misma filosofía que su hermana en cuanto a descentralización y control del usuario. Desarrollada por Ramón Souza, desarrollador full-stack brasileño con una amplia experiencia en tecnologías aplicadas a Internet, tiene el mismo objetivo que Instagram antes de ser adquirida por Meta: convertirse en una plataforma centrada en fotos y conexiones personales, alejándose del contenido viral y repetitivo que a menudo domina otras redes sociales.

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La propia red social te invita a separar las cuentas de Pinksky y Bluesky para mantener tu privacidad.

Al igual que la red social de Mark Zuckerberg, la aplicación permite compartir fotos y videos, interactuar con publicaciones a través de comentarios y Me gusta e incluso ver historias que desaparecen después de 24 horas. Al estar construida sobre Bluesky, los usuarios que ya disponen de una cuenta pueden iniciar sesión en esta plataforma directamente, previa autorización a través de la API oficial. Afortunadamente, existe la posibilidad de separar las dos cuentas, sin necesidad de estar ligadas entre sí.

A pesar de no ser un cliente oficial creado por el mismo equipo de Bluesky, el hecho de que sus cimientos estén apoyados sobre la misma base le permite ofrecer una experiencia de usuario más auténtica y menos impulsada por algoritmos, al menos sobre el papel. Aunque de ello hablaré más adelante, este principio se alinea con la filosofía de Bluesky de construir una base abierta para la Internet social, donde las redes sociales son demasiado importantes para ser controladas por unas pocas corporaciones o tecnócratas con aires de fascistas.

Estas son mis sensaciones al probar Pinksky

Al abrir Pinksky por primera vez, es evidente que la aplicación se inspira en gran medida en Instagram. La interfaz es limpia y familiar, con un feed principal donde se muestran las publicaciones de las personas que sigues, un apartado de historias en la parte superior y una barra de navegación en la parte inferior que te permite acceder al feed, buscar contenido, crear una nueva publicación, ver notificaciones y acceder a tu perfil.

Las funciones básicas también son muy similares. Puedes subir fotos y videos (con una limitación de hasta cuatro fotos por publicación y videos de hasta un minuto de duración), aplicar filtros, escribir descripciones y etiquetar a otros usuarios. Los demás usuarios pueden interactuar con tus publicaciones a través de Me gusta y comentarios. Estas interacciones se sincronizan, a su vez, con la aplicación cliente de Bluesky, un aspecto no tan positivo a mi parecer. Es decir, si sincronizas los perfiles sociales, no importa desde qué aplicación estés interactuando, la actividad se refleja en toda la plataforma.

La ventaja de esta sinergia entre las dos redes sociales es que la aplicación ofrece la posibilidad de crear listas temáticas que se sincronizan con Bluesky, por ejemplo para filtrar el feed según tus intereses —música, política, arte, cultura, etcétera—, proporcionando una experiencia más personalizada y centrada en los intereses del usuario. Al organizar el contenido de esta manera, es más sencillo mantenerse al día con los temas que realmente importan bajo el criterio de cada uno, sin distracciones innecesarias.

En cuanto a las diferencias en relación con Instagram, Pinksky no dispone de una función de mensajería directa, aunque personalmente no me suponga ningún inconveniente. Esto elimina gran parte de la interacción privada y deja la comunicación centrada en los comentarios públicos. Puede parecer una limitación, pero en realidad contribuye a mantener la red social libre de ciertos comportamientos tóxicos que suelen proliferar en las plataformas convencionales.

En este caso, deberás recurrir a Bluesky, que sí permite enviar mensajes si el perfil tiene habilitada dicha función. Asimismo, aunque puedes ver y publicar historias de una forma prácticamente idéntica a Instagram, no hay una opción para responder a estas, limitando la interacción en este formato. Tampoco existe la posibilidad de establecer historias ni publicaciones destacadas en el perfil, al menos por el momento.

Otra diferencia importante es que, aunque Pinksky está construida sobre Bluesky, te permite tener tu perfil separado, al igual que Instagram y Threads. De esta forma, puedes tener una presencia en Pinksky sin que necesariamente esté vinculada a tu perfil de Bluesky, algo que, cansado de la saturación de estímulos a los que suelo estar acostumbrado en otras redes sociales, valoro enormemente.

¿Y qué pasa con la seguridad?

Uno de los aspectos que más preocupa a los usuarios en cualquier red social es la privacidad de sus datos. En este sentido, Pinksky apuesta por una filosofía de gestión de datos muy distinta a la de plataformas tradicionales. En primer lugar, no almacena información de los usuarios en sus propios servidores, sino que delega toda la gestión de datos a un servicio externo de confianza que cumple con altos estándares de seguridad.

La aplicación solo almacena datos localmente en el dispositivo del usuario y estos se limitan a preferencias personales, como la configuración del modo oscuro o ajustes de personalización de la interfaz. No hay un registro centralizado de la actividad de los usuarios. Eso sí, Pinksky utiliza Google Analytics para recopilar datos sobre el uso de la aplicación. Esto incluye información básica como el tipo de dispositivo, el sistema operativo y patrones de interacción.

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Así luce Bluesky.

Aunque estos datos no son personales y se anonimizan cuando es posible, sigue siendo una práctica que algunos pueden encontrar cuestionable. En cualquier caso, Pinksky solo accede a los datos gestionados por el servicio externo para garantizar el funcionamiento de la aplicación. No almacena ni retiene información del usuario fuera de lo estrictamente necesario para que la plataforma funcione correctamente, ya que la empresa que gestiona estos datos es la misma que Bluesky, al no ser más que un cliente de terceros.

Contenido más relevante y, sobre todo, saludable

Una de las quejas más comunes sobre las redes sociales tradicionales es que los algoritmos a menudo promueven contenido que no es relevante para el usuario o que puede ser perjudicial para su bienestar mental. Pinksky aborda este problema al permitir definir tus intereses desde el principio, filtrando cualquier interacción no deseada.

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Así luce Pinksky. Sin mensajes directos. Sin historias destacadas. Sin publicaciones pineadas.

Durante los dos días que llevo usando la aplicación, el contenido que se me mostraba era mucho más valioso para mis intereses y parecía estar más centrado en conexiones personales y contenido auténtico, en lugar de publicaciones diseñadas para volverse virales o atraer la mayor cantidad de Me gusta posible. En general, la experiencia ha sido menos estresante que otras plataformas y, por ende, mucho más agradable, al sentir en todo momento que tenía el control sobre lo que veía y con quién interactuaba, como pocas veces he sentido.

En definitiva, tú eliges lo que ver, en lugar de un algoritmo que prima las interacciones para obtener rédito económico. Por si fuera poco, al estar construida sobre un protocolo abierto y descentralizado, Pinksky ofrece una mayor transparencia en cuanto a cómo se maneja el contenido y los datos de los usuarios. Esto contrasta con las plataformas tradicionales, donde las decisiones sobre qué contenido se muestra y cómo se procesan los datos de los usuarios a menudo se toman a puerta cerrada.

Por último, conviene señalar que Pinksky aún está en desarrollo y es probable que se añadan más funciones y mejoras en el futuro. El desarrollador ha mencionado la posibilidad de integrar otras tecnologías y protocolos. Tampoco se descarta la presencia de características premium para ayudar a cubrir los costes de operación, si bien esto rompería con la premisa de su hermana mayor, que también baraja el lanzamiento de una versión de pago.

¿Mi conclusión? Si ya formas parte de Bluesky o simplemente quieres probar algo diferente sin un gran cambio en la dinámica de uso, puede ser una excelente opción. Su interfaz familiar y la ausencia de ciertas prácticas comerciales abusivas hacen que valga la pena darle una oportunidad. Hoy por hoy, puede sustituir perfectamente a Instagram. De sus usuarios dependerá si queda en el olvido o logra robarle protagonismo. Y ojalá lo haga para deshacernos de los males que hace esta y otras plataformas a la sociedad en su conjunto.