Blockbuster, la historia de cómo Netflix mató a la estrella del vídeo

Los más nostálgicos es posible que echen de menos pasear por los pasillos de Blockbuster en busca y captura de alguna película con la que pasar el rato un sábado por la tarde. La compañía estadounidense de videoclub marcó un antes y un después en la década de los noventa. Fueron años de éxito y ganancias, hasta que la mala fortuna, y sobre todo una mala decisión, provocó que Netflix le arrebatara todo el poder.

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En el año 1985, David Cook inauguraba en Dallas un videoclub bajo el nombre de Blockbuster Video. Lo que parecía ser un negocio sin más se acabó convirtiendo en solo cinco años en todo un fenómeno de masas. De hecho, en el año 90 ya había abiertos más de 1.000 establecimientos, aunque su fundador vendió una participación mayoritaria a un grupo inversor, desligándose así de la cadena. Ese grupo inversor no era otro que el gigante Viacom, quien compró la empresa en el año 1994 tras su expansión mundial. Una década después, en 2004, año de su declive, había más de 9.000 Blockbusters repartidos por todo el planeta. Hoy, quince años más tarde, únicamente queda uno: está en Bend, una pequeña ciudad del estado de Oregón, en la costa oeste de Estados Unidos, de tan solo 80.000 habitantes.

La mala decisión

Quizá penséis que el auge de Internet y el vídeo bajo demanda precipitara la caída de Blockbuster. Ya no había que vestirse, ir al videoclub y pagar por alquilar una película, con Netflix podíamos disfrutar de cientos de títulos a golpe de clic, y, lo mejor, sin necesidad de salir de casa para disponer de ellos. Además, pagando mucho menos y sin tener que ir a devolverlo a ningún lado.

Ya todos conocemos a día de hoy el funcionamiento de Netflix y compañía (HBO, Amazon Prime Video, Filmin…). Lo que posiblemente no sabíais es que la idea de Netflix, su modelo de negocio como tal, se erigió con la ayuda de Blockbuster. Podemos decir que el gigante de los videoclub ayudó a que al fundador de Netflix, Reed Hastings, se le iluminara la bombilla a finales de los 90 al ir a devolver una película con cargo a la tienda.

Netflix

Se trataba de Apolo 13. Hastings era usuario habitual de Blockbuster y se olvidó entregarla a tiempo dentro del plazo correspondiente, por lo que tuvo que pagar un recargo de 40 dólares. Esto a Hastings no le hizo ninguna gracia, e ideo una plataforma en Internet donde disfrutar del cine sin esa clase de sanciones o limitaciones. Lo cierto es que desde el año 97 hasta mediados de los 2000, Netflix no tenía nada que hacer al lado de Blockbuster. La cadena de videoclub continuaba siendo el líder indiscutible del alquiler de vídeo. Reed Hastings, incluso, tuvo una reunión con los directivos de Blockbuster para llegar a un acuerdo y establecer algún tipo de alianza. Esa mala decisión le costó a Blockbuster su futuro.

Para que os hagáis una idea, el propio CEO de Blockbuster por aquel entonces, John Antioco, pensaba que el mercado de Netflix no sería amplio y que la adquisición no le daría ningún valor al grupo. ¿Qué hubiera pasado si se lo hubieran pensado mejor? Posiblemente, Blockbuster no se hubiera acabando declarando en bancarrota en 2004. Lo cierto es que la cadena de videoclubs trató de imitar a Netflix con un servicio similar ese mismo año, sin éxito alguno.

En la actualidad

A día de hoy, Netflix está valorada en más de 70 millones de dólares. De Blockbuster únicamente quedan los coletazos de lo que un día fue, con un único local abierto en Bend (Oregon). Ken Tisher, dueño de este Blockbuster, explicó en una entrevista que su videoclub es un negocio local y que todos sus empleados viven en Bend, algo que sus clientes valoran. Se trata de una imagen que se aleja completamente de la poderosa franquicia de los 90.

El videoclub esta ubicado en un zona con centros comerciales y gasolineras, un lugar de tránsito para que los habitantes de esta pequeña ciudad puedan alquilar una película de paso que hacen sus compras, sobre todo los martes que es el día que llegan las novedades. El alquiler de una novedad en DVD o Blu-ray cuesta 4 dólares, y es posible tenerla en casa durante tres días si es un título actual, o una semana si el título tiene ya algún tiempo. Los clásicos cuestan 2 dólares, y los títulos de catálogo, 99 centavos.

blockbuster

La mayoría de los usuarios habituales de este último Blockbuster sostienen que tienen Netflix, pero que van al videoclub a por películas que en el servicio de streaming no hay, sobre todo clásicos. También porque les gusta el trato con los trabajadores y sus recomendaciones. Es cierto que Netflix aporta comodidad y la posibilidad de deleitarnos durante horas de series y películas por solo 8 euros al mes. Pero hay algo que se ha ido perdiendo con el tiempo, y que quizá jamás se recupere, algo que sí tenía Blockbuster en los noventa: esa calidez humana y cercanía a la hora de decidirnos por una película, la emoción de saber que solo podíamos elegir una, o como mucho dos, y que esa era la decisión de la semana. Eso sin contar el paseo que nos dábamos hasta la tienda, que nos obligaba a salir de casa un rato si realmente queríamos ver una buena peli.

Blockbuster nos obliga a ponernos un poco nostálgicos, aunque no tenemos otra que ir adaptándonos a los nuevos tiempos y valorar todo lo positivo que nos ha traído el auge de Netflix y demás servicios de streaming, que no es poco.

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