
Cuidado con lo que haces con los emoticonos. Porque puede llevarte a la ruina. O casi. Y sino fíjate en el caso de esta pareja, residente en Israel, que ahora ha sido juzgada y sentenciada por mandar unos desafortunados emoticonos por WhatsApp.
Pero, ¿qué es lo que ocurrió? Pues bien, parece ser que Yaniv Dahan publicó un anuncio para alquilar un apartamento que tenía en propiedad. Al cabo de poco, una pareja envió un mensaje al hombre. Este tuvo la impresión de que tenían la intención de alquilar la casa. Pero nada más lejos de la realidad.
La pareja dejó de responder a sus mensajes de texto. Y en vistas de que parecían haber desaparecido del mapa, Dahan decidió denunciar. Y así fue como la pareja fue juzgada en un tribunal. Solo por haber mandado una serie de emojis.
Condenados por haber mandado unos emoticonos por WhatsApp
La pareja en cuestión envió la siguiente cadena de emoticonos por WhatsApp: 💃🼠👯 ✌ 🎠🿠ðŸ¾. Bueno, lo que en realidad hicieron fue enviar el siguiente mensaje, que aquí tienes traducido y al completo:
«Buenos días 😊 interesados en la casa 💃🼠👯 ✌ 🎠🿠🾠solo necesitamos discutir los detalles… ¿Cuándo te iría bien?» El juez dice que estos emojis son la prueba de un acuerdo vinculante. De este modo, la pareja ha sido condenada a pagar los 2.200 dólares que costaba el alquiler de la casa. Pero sin poner un pie en ella.
Como ves, entre los emoji o emoticonos enviados está la flamenca de WhatsApp, un signo de la victoria, un esquirol y una botella de champán. Y si bien es cierto que entre estos dibujines dan sensación de alegría y celebración, lo único que indican en el mensaje es que están interesados en la vivienda. Nada más.
Especifican, justo después de los emoji, que faltaría discutir los detalles. Parece evidente, pues, que el acuerdo no estaría cerrado. En absoluto. Pero el juez considera que la intencionalidad de la pareja ha sido más que evidente.

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«Han actuado de mala fe»
Según este juez israelí, la pareja habría actuado de mala fe. Explica en la sentencia que los símbolos (emoji) enviados por los acusados revelan una intencionalidad directa.
Explica el magistrado que en los tiempos que corren es habitual expresarse a través de esto signos. Es decir, usando este tipo de iconos emoji. Para el juez, los emoticonos que se enviaron en ese desafortunado mensaje tenían un significado claro: la pareja tenía intención de alquilar la casa.
Para el juez, la carita de felicidad, la flamenca, las figuritas que bailan y la botella de champán son signos de gran optimismo. Considera, pues, que aunque en el mensaje no se expresa directamente la voluntad de alquilar la casa y este no genera un contrato vinculante, resultó engañoso para el anunciante.
Dice que los emoticonos le hicieron confiar en el deseo de los acusados de alquilar el apartamento. Bradley Shear, un jurista consultado por Mashable, no considera que el hecho de mandar emoticonos por WhatsApp sea constitutivo de delito para otros tribunales. Especialmente para los estadounidenses, que son los que conoce.
Si bien los emojis revelan una voluntad positiva, explica algo muy de sentido común: para que un contrato se formalice de manera definitiva, las dos partes tienen que estar de acuerdo y haberlo ratificado con una firma.
Piensa que, además de existir una variedad ingente de emoticonos, los dibujos no siempre tienen la misma interpretación para todo el mundo. Lo que para una persona puede significar alegría, para otra puede simbolizar otro sentimiento más matizado o sencillamente opuesto.
Otro caso discutido
Fue otro caso controvertido. El de un chico arrestado por terrorismo en la ciudad de Nueva York. Corría 2015 cuando publicó en su estado de Facebook el emoji de un arma apuntando al emoticono de un policía.
En ese caso, la interpretación que podemos hacer de una pistola apuntando a la cabeza de un policía puede ser más evidente. ¿Qué significan en realidad las dos bailarinas vestidas de conejitas de WhatsApp?
Sea como sea, y a pesar de haber sido condenada, la pareja al final alquiló un apartamento diferente. Si por unos emoticonos armó este jolgorio, no queremos ni imaginarnos qué haría ese hombre por un grifo roto.




