Disney y Sony

Que el del cine es un sector que se enfrenta a tiempos muy difí­ciles no es una sorpresa. Los datos de asistencia a salas de cine descienden mes tras mes, por lo que parece que son un negocio condenado, sino a la desaparición, sí­ a convertirse en algo simbólico. Por eso, tiene bastante sentido que Walt Disney y Sony Pictures lancen sus estrenos en Internet. Hace poco te contábamos que Spielberg y Lucas piensan que la tecnologí­a acabará con Hollywood. Aunque, claro, su planteamiento pasaba por el modelo de negocio en el que la rentabilidad de las pelí­culas viene de su exhibición en salas de cine. Por ello, pruebas como la de Disney y Sony pueden ser la salvación para toda una industria.

El experimento, que por ahora sólo se está llevando a cabo en Corea del Sur, consiste en alquilar online sus estrenos de sala. Por ahora, Sony lanzó online Django Desencadenado tres semanas después de su estreno en salas. Por su parte, Disney ha hecho lo propio con Rompe Ralph y con Brave (de Pixar). Desgraciadamente, no han facilitado datos sobre cómo han funcionado dichas pruebas y, por lo tanto, de si el nuevo modelo es viable o no. Por lo tanto, habrá que esperar, por una parte a ver si realizan más pruebas de este tipo en Corea del Sur. Y, más todaví­a, si exportan el modelo (aunque también sea para realizar pruebas) a otros paí­ses. Ambos casos serí­an un indicador de que la solución podrí­a funcionar.

Cine
La prueba podrí­a venir avalada por el buen funcionamiento de los servicios tanto de alquiler como de suscripción para acceder a contenidos audiovisuales. iTunes, Spotify, Wuaki, Netflix… incluso YouTube apuesta por los contenidos de pago. Tiene, por lo tanto, mucho sentido que los estudios y las productoras se planteen el estreno simultáneo (o casi) de sus pelí­culas en salas comerciales y en Internet. No obstante, y dado el miedo que le han tenido siempre a la red de redes, cabe preguntarse por las condiciones en las que se aplicarí­a este formato. Está claro que, en estrenos online, no se puede cobrar en función de las personas que vean la pelí­cula, a diferencia de lo que ocurre en los cines. Así­, por ejemplo, para una pelí­cula de animación (a las que suelen acudir los padres con sus hijos), ¿se cobrará el equivalente a cuatro entradas de cine? ¿O se optará por un modelo más similar al del precio de una única entrada por el alquiler? ¿Se podrá ver la pelí­cula una sola vez, o todas las que el usuario desee dentro de las 24 o 48 horas del alquiler? ¿El sistema de protección anticopia (DRM) planteará limitaciones que afecten a la usabilidad del servicio? Son muchas, muchí­simas, las dudas que plantea este nuevo modelo de negocio. No obstante, al César lo que es del César, este paso es una apuesta muy interesante. Quizá motivada por la mala situación de la industria cinematográfica, sí­, pero al menos supone un avance muy importante.

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