Si estĂ¡s harto de camareros bordes y malentendidos varios, quizĂ¡s este restaurante londinense sea tu paraí­so gastronĂ³mico. Se llama Inamo y su especialidad es la comida oriental, aunque Ă©ste no es el atractivo mĂ¡s importante que nos puede ofrecer. Lo que se lleva en este restaurante, son las mesas interactivas, que eximen de responsabilidades y trabajo a los camareros de carne y hueso. Con un toque de dedo y una señal de Bluetooth, se puede sustituir al camarero antipĂ¡tico sin intercambiar con Ă©l ni una sola palabra.

Ya habí­amos visto muchos restaurantes en los que los camareros apuntan los pedidos en una especie de ordenador de mano. SĂ³lo era cuestiĂ³n de tiempo que alguien diera el siguiente paso. Y es que, total, para apuntar y mandar los datos a la cocina, ya no es necesario esperar a que atienda un camarero.

En este restaurante londinense, la mesa en la que se sientan los comensales, es muy parecida a la iTable de Catchyoo y dispone de distintas opciones. Para empezar, se puede cambiar el mantel digital. Los hay en distintos colores y estampados. Pero lo mĂ¡s importante, llega despuĂ©s de este detalle previo. Gracias a un menĂº muy completo, cada mesa puede ver la carta del restaurante en formato digital e ir seleccionando los platos que va a degustar.

Tan fĂ¡cil como hacer un clic y darle a un botĂ³n: los cocineros reciben la elecciĂ³n directamente en la cocina ví­a Bluetooth. Y si el comensal siente curiosidad por ver lo que se cuece en los fogones, puede seleccionar unas vistas a la cocina mientras los cocineros trabajan. Así­, de paso, entretiene la espera. En esta web se puede ver un ví­deo con el funcionamiento real del sistema.

Una vez los platos estĂ¡n listos, en la mesa aparecen los iconos de dos cocineros. Ahora sí­, hay que vĂ©rselas con un camarero real, que muy simpĂ¡tico (esperemos) traerĂ¡ la comida a la mesa. Y no hace falta mĂ¡s: a la hora de marcharse, sĂ³lo hay que pulsar sobre la mesa para que aparezca la cuenta (que se puede consultar en todo momento). La idea, que naciĂ³ de dos ingenieros hartos del mal servicio, estĂ¡ triunfando en Londres. Aunque, lo cierto es que no deja de ser una forma de des-personalizar el acto de «salir a cenar», que en principio, era de lo mĂ¡s social.

Ví­a: timesonline.com