Cómo evitar estafas bancarias por e-mail

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“Qué amable esta gente del banco que me manda mensajes. Mira y además me advierte de un peligro tremendo. Voy a hacerles caso y pinchar en el enlace que viene en el correo electrónico”. NO. ERROR. Esta es una de las vías de estafa que más está creciendo últimamente. Una técnica llamada phishing y que es uno de los peligros a los que se enfrenta el internauta. Son esos correos electrónicos en los que un banco nos pide algún dato confidencial o nos invita a entrar en alguna página web por diversos motivos. El problema es que, en realidad, se trata de mensajes falsos que intentan conseguir nuestras contraseñas para estafarnos.

En algunos casos estos correos “cantan” bastante simplemente por su aspecto y ortografía, pero los ciberdelincuentes cada vez mejoran más su apariencia para que parezcan auténticos. Así que, para estar cien por cien seguros y evitar estas estafas, te ofrecemos un par de consejos con los que evitar fácilmente caer en la trampa.

1) No acceder NUNCA al banco a través de un enlace desde un mensaje de correo electrónico

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¿Verdad que este mensaje de arriba parece de Caja Madrid? Pues es otro ejemplo más de estafa por e-mail. Por muy de fiar que nos parezca la procedencia del mensaje, es mejor abrir nuestro navegador aparte y entrar nosotros desde cero. Es decir, teclear la dirección en el navegador, o entrar al banco desde Favoritos (en Firefox se les llama Marcadores) en el caso de que la hayamos añadido con anterioridad. Y más cuando el correo viene, supuestamente, de un banco, ya que es sumamente raro que una entidad financiera recurra al correo electrónico para comunicarse con sus clientes.

2) Si pasas el ratón por encima de un enlace en un e-mail SIN HACER CLICK verás la dirección real.

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Te lo ilustramos con un mensaje que hemos recibido en una cuenta de correo de tuexperto.com. Como puedes ver, tras el enlace para ir a la Oficina Internet de un banco, en la que podemos gestionar nuestras cuentas desde Internet, se oculta una dirección cuyo nombre no se parece en nada al del banco, y que en efecto es bien distinta a la real.

¿Y si la dirección que aparece no levanta sospechas? En ese caso, volvemos a aplicar la regla número 1. Nos repetimos: correo electrónico y banco no son fenómenos que se relacionen habitualmente. Las entidades financieras recurren en lugar de esto a páginas web seguras y protegidas, y en el improbable caso de que nos envíen un e-mail, raramente incluirán un enlace en el mensaje, por la desconfianza que eso genera.

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