Dan el pego perfectamente y no dejan agujetas. Son lo último de lo último en bicicletas eléctricas. El premio al diseño estratosférico se lo lleva la Electrobike Pi. Creada por Marcus Levison-Hays, esta bici está construida sobre un cuadro de aluminio de una sola pieza y pesa unos 26 kilos (muy ligera no es, pero levantarla no es como cargar una moto). Además de los pedales, lleva una batería de 36 Voltios, que se carga en tres horas y brinda una autonomía de unos 40 kilómetros.
Ya hemos visto otras piernas robóticas saltarinas, pero apenas se despegan un par de centímetros del suelo. Unos investigadores de la Universidad de Tokio están desarrollando un modelo que supera esta cifra con creces, ya que puede pegar botes de hasta 50 centímetros.
Su peculiaridad es que no usa un motor eléctrico, como hacen otros prototipos, sino “músculos artificiales”, una especie de autopropulsión por aire.
Aunque hay poca información, parece que emplea energía eléctrica como fuente energética para conseguir que las válvulas ayuden a realizar el movimiento de la pierna.
El modelo del vídeo de abajo (después del salto) emplea el mismo sistema y sirve para hacernos una idea de su funcionamiento. Con esto se ahorra energía y se gana efectividad, y pretende enfocarse hacia esos robots asistentes, cuya misión es cuidar a niños y ancianos. En teoría, con esta tecnología serían androides mucho más ágiles.