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A veces nos obsesionamos tanto con la resolución de la pantalla, los colores vibrantes y el tamaño de las pulgadas que olvidamos que el cine es, ante todo, una experiencia audiovisual en la que el audio representa la mitad de la historia. Si alguna vez has sentido que tienes que subir el volumen para entender un diálogo y bajarlo corriendo cuando estalla una explosión, este recorrido por la tecnología acústica actual te interesa, porque el cambio más significativo en tu casa quizás no necesite una pantalla nueva, sino una mejor forma de proyectar las ondas sonoras.

El diseño de los televisores modernos ha seguido una tendencia clara hacia el minimalismo y la delgadez extrema. Esto, que estéticamente es un acierto, supone un reto físico insalvable para el sonido: para que un altavoz mueva aire y genere frecuencias graves o voces con cuerpo, necesita espacio, algo que los chasis actuales apenas permiten. Por esta razón, la industria ha volcado sus esfuerzos en las barras de sonido como la solución más equilibrada para recuperar esa profundidad perdida sin llenar el salón de cables o altavoces por cada esquina.

Un ejemplo de esta evolución técnica se encuentra en la trayectoria de fabricantes con larga tradición, como Denon, una compañía europea que comenzó su andadura en 1910 fabricando equipos para estudios de grabación. Su experiencia histórica es relevante porque fueron pioneros en comercializar el audio digital PCM, una tecnología básica para lo que hoy entendemos como alta fidelidad. Hoy en día, esa herencia se aplica en dispositivos que buscan, ante todo, la claridad.

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Para entender cómo funcionan estos equipos, podemos dividirlos en tres grandes familias según la complejidad de la experiencia que buscan recrear. En un primer escalón están los sistemas integrados, como el modelo DHT-S216. Estos dispositivos utilizan un diseño donde todo está dentro de una sola barra: los altavoces para los agudos (tweeters), los de medios y los subwoofers para los graves. Es la opción ideal para quien busca mejorar la nitidez de las voces y obtener un sonido más rotundo que el de la televisión sin añadir cajas externas. Mediante algoritmos de procesamiento como el DTS Virtual:X, consiguen engañar al oído para crear una sensación de amplitud que parece superar los límites físicos de la propia barra.

Cuando buscamos esa sensación de «impacto» que recordamos de las salas de cine, los graves se vuelven fundamentales. Aquí entran en juego sistemas con subwoofer inalámbrico independiente, como los modelos DHT-S316 o el DHT-S416. El subwoofer es un altavoz especializado en frecuencias muy bajas, las que no solo se oyen, sino que se sienten como una vibración. Al ser inalámbrico, permite colocarlo en un rincón discreto del salón sin cruzar cables por el suelo. Algunos de estos modelos incluyen además conectividad Wi-Fi y herramientas como Google Chromecast, permitiendo que la barra de sonido se convierta en un reproductor de música de alta resolución conectado directamente a servicios como Spotify o Amazon Music HD.

Sonido tridimensional

El siguiente paso tecnológico es el sonido tridimensional o Dolby Atmos. Si el sonido tradicional se mueve de izquierda a derecha, el Dolby Atmos añade la dimensión de la altura. Dispositivos como el DHT-S517 utilizan una configuración denominada 3.1.2, lo que significa que, además de los altavoces frontales y el subwoofer, incluyen unidades que proyectan el sonido hacia el techo para que rebote y llegue al espectador desde arriba. Esto permite que el sonido de la lluvia o el vuelo de un helicóptero se perciba de forma mucho más realista y envolvente.

A pesar de toda esta complejidad interna, la tendencia actual es que el uso diario sea lo más sencillo posible. La mayoría de estos equipos se conectan mediante un único cable HDMI aprovechando las tecnologías ARC o eARC. Esto permite que, una vez instalada, la barra de sonido se encienda y se apague con el televisor y que el volumen se controle directamente desde el mando original de la tele, eliminando la necesidad de tener varios controles remotos sobre la mesa. Además, la inclusión de Bluetooth en toda la gama facilita que podamos enviar música desde un teléfono o tableta de forma instantánea.

Precios de salida

En cuanto a la inversión necesaria para dar este salto de calidad, el mercado ofrece actualmente opciones que oscilan entre los 220 euros de modelos como el DHT-S217 y los 400 euros del sistema más avanzado, el DHT-S517. Entre medias encontramos alternativas como el DHT-S216 por 230 euros, el DHT-S316 por 270 euros o el DHT-S416 por 360 euros.

Mirando hacia el futuro, el entretenimiento doméstico parece alejarse de la idea de que para escuchar bien hay que realizar instalaciones complejas o reformas en el salón. La clave está en cómo el procesamiento digital y el diseño acústico inteligente pueden transformar un espacio cotidiano en una sala de audición de alta fidelidad, recordándonos que el sonido no es solo un complemento de la imagen, sino el alma de lo que ocurre en la pantalla.