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Todo lo que no esté en Internet, no existe. Con los tiempos que corren, esta afirmación que puede parecer más atrevida de la cuenta se ha convertido en realidad, sobre todo con la llegada de la inteligencia artificial. Pero no todo el mundo dispone de los conocimientos necesarios para levantar una página web desde cero.

Por suerte, los procesos se han simplificado y no hace falta disponer de tantas habilidades como antaño, ni informáticas, ni siquiera de programación. Hoy día, los pasos se resumen en dos: comprar un dominio y contratar un servicio de hosting. La cuestión es ¿vale cualquiera? ¿Son todos iguales? ¿En qué se diferencian un hosting de WordPress, un VPS o un servidor dedicado? ¿Qué detalles hay que tener en cuenta para no tirar el dinero?

Si estás pensando en lanzar una web tras comprobar su disponibilidad en un registrador de dominios o trasladar la que ya tienes a otro proveedor, esto es lo mínimo que deberías saber antes de comprar un hosting.

Qué es el ‘hosting’ y por qué es tan importante

El hosting es, en esencia, el lugar donde vive tu página web. Todo lo que ves cuando entras en un sitio —textos, imágenes, botones, formularios— está guardado en un servidor, que no es otra cosa que un ordenador encendido las 24 horas y conectado a Internet. La calidad de ese servidor y del servicio que lo mantiene influye directamente en cómo se carga tu web, su estabilidad y la seguridad con la que navegan tus usuarios.

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Aunque existen algunas opciones de alojamiento gratuito, la mayoría suelen tener letra pequeña: anuncios que no controlas, limitaciones técnicas y un rendimiento que deja mucho que desear. Si de verdad quieres empezar con buen pie, lo primero que necesitas es un dominio propio, que será tu dirección fija en Internet, y contratar un hosting que, sin costar una fortuna, te ofrezca lo básico para que tu página funcione sin sobresaltos.

No todos los alojamientos son iguales

Uno de los errores más frecuentes cuando se da el primer paso es pensar que todo el mundo necesita lo mismo. Nada más lejos de la realidad. Elegir bien el tipo de hosting es tan importante como saber cuánto tráfico esperas o qué tecnologías vas a utilizar.

Qué necesitas saber para elegir el mejor 'hosting' 1
WordPress es una de las muchas opciones de sistemas de gestión que podemos encontrar actualmente en Internet, pero es la más popular. Se estima que alrededor de 478 millones de páginas web están creadas con este CMS.

Si tu web está basada en WordPress, puedes optar por un hosting WordPress optimizado que ya incluye los recursos necesarios para el tipo de página que suele operar con este sistema de gestión de contenidos. Por ejemplo, un blog personal, portales de contenido o pequeñas tiendas online. Le siguen los servicios de alojamiento de PrestaShop, concebidos en su mayoría para tiendas online que utilizan esta plataforma.

Aunque se parece al primero por alojar una plataforma concreta, su optimización va dirigida al comercio electrónico y a soportar una estructura más compleja, con varias decenas de productos, pasarelas de pago y un alto número de transacciones donde la seguridad es lo que prima por encima de todas las cosas. Ahora bien, ¿qué sucede cuando necesitas algo más potente?

Es en este punto donde entra en juego el VPS, un servidor privado virtual. Este modelo de hosting ofrece un entorno más aislado dentro de un servidor compartido, con recursos asignados de forma garantizada. Por sus propias características, suele estar destinado a proyectos en crecimiento que necesitan más rendimiento, más control y un entorno que se pueda escalar sin saltar directamente a lo más caro.

El siguiente paso es el servidor dedicado. Aquí ya hablamos de tener una máquina completa para ti, sin compartirla con nadie. Esto implica un mayor coste, pero también una total libertad de configuración y un rendimiento mucho mayor. Al ser una solución menos asequible que las anteriores, está orientada a grandes empresas, medios de comunicación o proyectos que manejan volúmenes de tráfico muy altos.

Lo que debe tener un buen ‘hosting’

Dejando a un lado del tipo de alojamiento, hay varios elementos que no pueden faltar si quieres evitarte dolores de cabeza. Un buen proveedor debe ofrecer soporte técnico 24 horas al día, siete días a la semana. Nunca sabes cuándo va a surgir un problema: si algo falla un sábado por la noche, necesitas a alguien al otro lado del teléfono o del chat que lo resuelva sin hacerte esperar al lunes.

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La asistencia es tan importante como el resto de aspectos para no tener que lidiar con configuraciones de servidores, líneas de código ni plugins conflictivos.

Igual de importante es que el hosting incluya una garantía de devolución de al menos 30 días. Esta condición, que muchas empresas ofrecen, te permite probar el servicio sin compromiso. Si no te convence, recuperas tu dinero. Así de simple. Un gesto de confianza que habla bien del proveedor y del funcionamiento que se espera de su plataforma, algo que no suele ser la norma en productos digitales.

Con el auge de los ciberataques tanto en España como en el resto del mundo, el siguiente punto que conviene revisar con lupa es el certificado SSL, un aspecto obligatorio en cualquier página que aspire a escalar en visitas en un corto periodo de tiempo. Este sistema cifra las conexiones y protege los datos de tus usuarios. Los buenos servicios de hosting lo incluyen gratis. Si te lo cobran aparte, busca otro.

Y ya que hablamos de seguridad, no está de más comprobar si la empresa incluye herramientas de protección activas. Algunos servicios ofrecen análisis automatizados para detectar código malicioso, filtros de spam y otras capas de abstracción que te ahorran más de un susto. También deberían contar con un sistema de copias de seguridad diarias o semanales, para que puedas restaurar tu web si algo sale mal.

Lo técnico, si es simple y efectivo, mejor

Cuando nos adentramos en lo técnico, hay elementos que determinan aspectos tan importantes como la velocidad o la capacidad de migración si, por ejemplo, ya se dispone de una página web. El primero de ellos tiene que ver con el tipo de disco que utiliza el servidor.

Durante años, lo habitual era trabajar con discos duros mecánicos o, en el mejor de los casos, unidades SSD. Actualmente, los discos NVMe son el estándar si quieres ofrecer la mejor experiencia posible a tus visitantes. Son mucho más rápidos, permiten acceder a los datos casi al instante y contribuyen a que las páginas se carguen sin las típicas demoras que hacen aumentar el porcentaje de rebote.

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A la izquierda, un SSD con interfaz SATA y velocidades máximas de 500 MB/s. A su lado, una unidad SSD NVMe con tasas que pueden llegar a multiplicar por cinco la velocidad de los SATA.

No es solo cuestión de velocidad, también determina su posicionamiento, pues Google cada vez tiene más en cuenta la velocidad de carga. Es decir, si el buscador detecta que el usuario abandona la página pasados unos segundos, el resultado pasa a ser de baja calidad y este se mostrará por debajo de otras páginas con mejor experiencia de uso.

Otro detalle que conviene mirar con calma es dónde están ubicados físicamente los servidores. Si tu web va dirigida a un público que está en España, lo mejor es elegir un proveedor que tenga su infraestructura aquí. Esto contribuye a reducir el tiempo que tarda en cargarse cada página y mejora la experiencia general. Y, no menos importante, te aseguras de que se cumplan los requisitos legales relacionados con el tratamiento de datos personales, que en Europa son especialmente estrictos.

Por último, si ya tienes una web y estás pensando en cambiar de proveedor, la migración debe realizarse de la forma más sencilla y transparente posible, también a los ojos de Google. No todo el mundo sabe trasladar una página de un hosting a otro sin contratiempos y el proceso puede ser delicado si no se dispone de los conocimientos necesarios. Por suerte, cada vez más empresas incluyen la migración gratuita como parte del servicio.

Generalmente, se ocupan de todo lo que tiene que ver con la parte técnica: copian el contenido de tu web, ajustan las configuraciones aplicadas y la ponen a funcionar en su infraestructura sin que tú tengas que preocuparte por nada. De esta forma, se evita romper algo por el camino.

Un servicio que crece contigo

Cuando empieces, lo más probable es que no necesites más que un plan básico. Pero es importante que el hosting que elijas te permita crecer sin cambiar de proveedor. Muchas empresas ofrecen planes escalables que van desde lo más económico hasta soluciones de alto rendimiento, de modo que si tu web despega y empiezas a necesitar más potencia o un mayor número de funciones, puedes mejorar tu plan sin cambiar de compañía.

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El SEO determina a medio y largo plazo el éxito de cualquir proyecto, ya sea un blog de contenidos, una pequeña tienda online o la web corporativo de un negocio para obtener clientes

También conviene fijarse en que el panel de control sea intuitivo y en español. Aunque no es obligatorio, si vas a gestionar la web tú mismo, qué menos que contar con una interfaz sencilla desde la que puedas instalar aplicaciones, gestionar correos, hacer copias de seguridad o acceder a los archivos. Los paneles tipo cPanel o Plesk suelen ser una garantía en este sentido.

En definitiva, no te la juegues con lo barato

Contratar un hosting barato puede ser una buena idea para empezar, pero lo barato no debe traducirse en malo. Hay proveedores que ofrecen precios competitivos sin renunciar a lo importante: soporte real, garantías, seguridad, buen rendimiento y posibilidad de escalar cuando lo necesites.

Antes de decidirte, tómate tu tiempo para comparar, leer opiniones reales, revisar las condiciones del servicio y asegurarte de que lo que contratas no tiene letra pequeña. Tu web será tu escaparate en Internet, y elegir un mal hosting puede costarte visitas, reputación y, si tienes un negocio, también dinero. Mejor invertir un poco más desde el principio y asegurarte de que, pase lo que pase, tu web estará siempre en línea y funcionando como debe.