La industria del copyright se infiltra en las redes P2P 1

Uno de los cables filtrados el pasado viernes por Wikileaks deja en bastante mal lugar a la diplomacia norteamericana, que estarí­a haciendo del perrito faldero de la industria del copyright. Según lo desvelado en estos documentos, los grupos que representan a la industria musical en los Estados Unidos, IFPI, RIAA y MPAA estarí­an moviendo ficha en una estrategia mundial para acabar con las páginas y con los usuarios que comparten música a través de Internet.

La última estrategia de los abogados de la industria consiste en aliarse con la policí­a de cada paí­s para infiltrar topos en las principales páginas de intercambio de archivos. Como resulta muy difí­cil colarse en estos grupos tan cerrados, los de la música se comprometen a entregarle al candidato a infiltrado contenidos en exclusiva incluso antes de su estreno comercial. El topo, así­, podrí­a ganarse la confianza de los integrantes de la red ofreciendo contenidos en primicia.

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La diplomacia norteamericana estarí­a facilitando el contacto entre las autoridades locales y los adiestradores de la industria. De hecho, dicho adiestramiento está dirigido sobre todo a polí­ticos y funcionarios de alto nivel, con capacidad de decisión. Uno de los cables, firmado por la embajadora en Corea del Sur, parece indicar cuál fue el origen de esta nueva estrategia. Al comprobar que las autoridades coreanas no parecí­an demasiado entusiasmadas ante la idea de procesar a los administradores de las páginas web, los de la industria musical decidieron iniciar la campaña de infiltración. En una segunda reunión, los representantes del copyright explicaron a polí­ticos y funcionarios coreanos como poner en marcha estas nuevas estrategias.

De los documentos filtrados se desprende que la organización encargada de llevar a cabo las tareas de espionaje e infiltración serí­a la IFPI, que además diseñarí­a las estrategias necesarias para ocultar a los servidores de Internet este tipo de espionaje. Los infiltrados tendrí­an que recoger direcciones IP e información sobre los archivos compartidos para entregárselos a las fiscalí­as de diversos paí­ses. A partir de ese momento, los fiscales implicados iniciarí­an discretas investigaciones para no desvelar la tarea de espionaje.

Ví­a: Torrentfreak