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Este es uno de esos casos en los que la red hace de absurda caja de resonancia. Tras la noticia publicada en El Paí­s el pasado dí­a 20 de agosto en la que se afirmaba que “el ordenador de Spanair que anotaba los fallos en los aviones tení­a virus” se ha desatado en la red un auténtico pandemónium. Algunos medios norteamericanos de Internet serios, y otros no tan serios, basándose en una mala traducción del reportaje de El Paí­s, han llegado incluso a afirmar que fueron los virus los que incapacitaron la computadora de a bordo de del avión, y lo derribaron.

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Es una hipótesis absolutamente descabellada. El avión siniestrado, un McDonnell Douglas DC-9-82 (MD-82), es un diseño de 1979, y no está informatizado. De hecho, resulta imposible que los virus se hagan con los inexistentes ordenadores ordenadores de a bordo, según explica el periodista Ed Boot en un reciente informe para ZDNet. En dicho informe  se afirma además que los virus presentes en el ordenador que llevaba los diarios de mantenimiento no es más que un sintoma de cómo se gestionaban las tareas de mantenimiento en la empresa.

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Las conclusiones a las que por el momento están llegando los investigadores son mucho más prosaicas. Los pilotos despegaron con los flaps y los slats recogidos, por lo que el avión no disponí­a de suficiente sustentación. Queda por resolver el problema de por qué no saltaron las alarmas correspondientes que avisan de dicho fallo, aunque todo parece indicar que en algún momento alguien desactivó un circuito que como daño colateral o consecuencia secundarias provocó la desactivación de las alarmas de este tipo de error.

Efectivamente, la computadora encargada de registrar los fallos en los aviones de la compañí­a funcionaba ese dí­a al ralentí­ porque estaba infectada con troyanos, pero esos  troyanos nunca pudieron contagiarse a un avión sin sistemas informáticos. La cuestión de si ese ralentí­ de los ordenadores podrí­a haber sido una causa secundaria del accidente, es algo que tendrán que decidir las autoridades judiciales, aunque lo cierto es que los encargados de mantenimiento, según afirma el reportaje de El Paí­s, tardaban hasta 24 horas en anotar los fallos. En cualquier caso, el mecánico que dio el visto bueno tras el despegue abortado, nunca supo que era el tercer incidente del mismo tipo, motivo suficiente para dejar la aeronave en tierra.

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