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Es la ley del si cuela, cuela. El pasado mes de diciembre se estropeó de golpe y porrazo la lí­nea telefónica de mi casa. Al llamar al 1002, archiconocido número de teléfono en el que se comunican las averí­as en Telefónica, la señora que me atendió me dijo que tendrí­a que venir un técnico a casa y pagar el desplazamiento, más que nada porque cuando dí­ de alta la lí­nea no quise contratar el servicio que cubre las averí­as acaecidas en el interior del domicilio.

Pues que venga el técnico. Y el técnico tardó una semana en venir, de manera que estuve siete dí­as sin poder realizar ni recibir llamadas y con microcortes constantes en el servicio de ADSL. Casi nada, cuando una tiene que ganarse el pan a través de las paupérrimas instalaciones que todaví­a mantiene Telefónica en pleno siglo XXI.

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Cuando al técnico le apeteció acercarse a mi maltrecha instalación (tengo que decir que los cables eran bastante antiguos) detectó que algún cable estarí­a roto. Pues les va a costar 90 euros que se lo cambie yo. Y como podéis imaginar, decidí­ cambiarlo yo misma. Y hasta aquí­ todo bien, porque al cabo de unas horas mi conexión y mi lí­nea telefónica funcionaban viento en popa. La broma, cómo no podí­a ser de otra manera, me costó 50 euros (por el desplazamiento del técnico más cercano, es decir, el que estaba situado a siete kilómetros de mi casa) y 9,82 euros por el diagnóstico. IVA aparte, como siempre.

Al minuto cursé la correspondiente reclamación, a la que todos los clientes tenemos derecho por mucho que algunos operadores intenten convencernos de lo contrario. Pedí­ el correspondiente número de reclamación y me indicaron que me serí­an reembolsados 17,77 euros, parte proporcional a la que cualquier usuario debe acogerse en caso de averí­a externa. En este caso, Telefónica se vio seguramente en la obligación de devolvérmelos por haber pasado una semana con los técnicos durmiendo en los laureles. O véte a saber qué.

Transcurrido el percance, pensé que mi pesadilla habrí­a terminado. Pero Telefónica todaví­a guardaba una sorpresa para mi próxima factura. La misma en la que decidieron cobrarme 50 euros del ala por un desplazamiento técnico adicional que en absoluto se habí­a efectuado. No esperé ni un minuto, aun a sabiendas que iba a pasar buena parte de la mañana resolviendo el trámite. Pude cursar una segunda reclamación, aunque eso sí­, uno de los operadores del 1004 me advirtió de que no devolviera el recibo bajo ningún concepto, puesto que Telefónica cortarí­a de forma directa mi lí­nea.

Dos dí­as después recibí­ respuesta, cualquier compañí­a está obligada a responder en un plazo máximo de diez dí­as, aunque después haga lo que le venga en gana. Y cuál fue mi sorpresa al ver que Telefónica no reconocí­a ningún error en la facturación y que por lo tanto, no tení­a derecho a reclamar la cantidad de 50 euros. ¿Explicaciones? Ninguna. Y como no hay que darse por vencida tan fácilmente, llamé directamente al 1004 para poner la enésima reclamación que terminarí­a por agotar mi paciencia.

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Dos semanas después llegó a mi buzón la carta definitiva que rezaba lo siguiente: «… hemos analizado su caso en detalle y hemos observado una incidencia en nuestros procesos. Por este motivo, vamos a reintegrarle, mediante un cheque nominativo que le haremos llegar a su domicilio, la cantidad de 50,00 euros, más el IVA correspondiente…». El talón no tardó en llegar y yo tampoco tardé en ir a cobrar el dinero que Telefónica habí­a robado de mi cuenta mientras se hací­a la sueca. Esa es la realidad.

Por eso es importante reclamar, aunque sea por una cantidad í­nfima. He visto de cerca otros casos de personas mayores y titulares de lí­nea, a los que se ha cobrado por servicios que ni tan siquiera habí­an contratado ni sabí­a que existí­an. Y si cuela, cuela.

Foto de: GiantVermin

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