La relación que une al usuario con el ordenador va creando pequeñas dependencias que cada día son más acusadas. Antes, las cuentas de casa (recibos, facturas…) se hacían mediante la ayuda de un bolígrafo y un papel, utilizando como mucho la calculadora para las operaciones más complicadas. Ahora, una hoja de Excel o algún programa similar sustituye a la cuenta de la vieja y se lleva todo informatizado. El problema surge cuando el ordenador se estropea o la hoja de cálculo se corrompe. Ya casi no se sabe que hacer si no se tiene a mano un ratón y un teclado.
Tres cuartos de lo mismo ocurre con el ADSL. Antes, cuando eso de la bancha ancha en España era una quimera, todo el mundo se conectaba a la red utilizando el módem de 56.000 kbps. (e incluso, hubo un tiempo que la conexión era a 28.800 kbps). Como todavía no se conocía otras tecnologías, todo el mundo se conformaba (en mayor o menor grado) con este tipo de conexión, e incluso algunos la sacaban el máximo partido.