
Mark Zuckerberg ha activado todo un despliegue para reclutar a las mentes más brillantes en inteligencia artificial. Su objetivo: convertir Meta en un actor dominante en el campo de la superinteligencia. Esta campaña no es pequeña: involucra mensajes personales —en WhatsApp o email— ofertas millonarias, entrevistas directas y una promesa de poder real y visibilidad cercana a la cúpula de la empresa.
Hasta aquí todo suena fantástico. ¿El problema? Que se está encontrando con demasiadas negativas. Y eso que alguna oferta es multimillonaria. Pero parece que Meta (la antigua Facebook) ya no es la empresa deseada que era hace años.
Algunos contactados recibieron propuestas que superan los 1 000 millones de dólares a lo largo de varios años; otras ofertas rondaron los cientos de millones. A pesar de todo, nadie aceptó… en parte, por dudas sobre el liderazgo en el nuevo laboratorio, especialmente en torno a Alexandr Wang —cofundador de Scale AI y recién nombrado jefe dentro del equipo de superinteligencia. Aunque Meta ya ha reclutado casi cincuenta expertos de todo el mundo, persisten las dudas sobre su dirección estratégica y objetivos claros.

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La manera de reclutar es curiosa y directa: Zuckerberg contacta personalmente a investigadores, destacando sus logros y proponiéndoles una breve charla. Luego, les intentan seducir diciéndoles que realizarán tareas arriesgadas, que tendrán acceso a infraestructuras de última generación o incluso que se podrán codear con el equipo ejecutivo en Palo Alto. En algunas oficinas incluso reacomodaron las mesas y despachos para trasladar a los posibles nuevos miembros junto al propio Zuckerberg.
Meta tiene planes ambiciosos de gasto: se habla de invertir miles de millones al año y dotar a esta división de IA de recursos gigantescos, incluso una megainfraestructura capaz de consumir 5 GW de energía. Con todo, los analistas y ex empleados no lo ven tan claro. Creen que hay falta de claridad en la misión y mencionan que el modelo Llama 4 fue precipitado y poco competitivo frente a sus competidores.
En respuesta, OpenAI y otros rivales no están precisamente de manos atadas. Hoy mismo hemos visto como ChatGPT ha sacado un Modo Estudiante de su herramienta. Su máximo directivo Sam Altman ha calificado públicamente la estrategia de Zuckerberg como un “grito de guerra” y hasta como un estilo “mafioso” de contratación. A pesar de los paquetes millonarios, el núcleo del talento de OpenAI sigue fiel a su proyecto.
Mientras tanto, Meta no se detiene: ya ha incorporado figuras clave como Shengjia Zhao, co-creador de ChatGPT y ex científico principal de OpenAI, junto con varios ex empleados de DeepMind y otros laboratorios destacados.
En otra jugada audaz, Meta decidió no prohibir el uso de asistentes de inteligencia artificial durante entrevistas técnicas: algunos candidatos ya pueden usar IA en pruebas de codificación, para reflejar el entorno laboral real en que coexistirán humanos y agentes de IA. Esta medida subraya la visión de Zuckerberg: en poco tiempo, la IA podría hacer funciones equivalentes a ingenieros de nivel medio, cambiando para siempre el paradigma del trabajo técnico.
Ventajas VS tensiones internas
Por un lado, Meta puede autofinanciar este esfuerzo. Ha invertido más de 14.000 millones de dólares en Scale AI y otros proyectos, esperando transformar esas inversiones en productos útiles y dominación tecnológica. Pero por otro, dentro de la compañía hay fricciones: empleados de IA más antiguos se sienten desplazados y algunos líderes actuales cuestionan la visión estratégica del nuevo laboratorio.
Además, el ritmo frenético y la cultura de altos presupuestos puede cansar a los inversores si no hay claridad sobre resultados tangibles en términos de aplicaciones útiles, no solo investigación disruptiva.
El equipo deportivo falla
Imagina que estás formando un equipo de deportes de élite. Lanzas ofertas multimillonarias para fichar estrellas de otros clubes, reconfiguras el vestuario para que estén cerca del entrenador, y prometes más recursos que cualquier rival. Todo apunta a que ganarás campeonatos. Pero si el entrenador no tiene claridad, el equipo no sabe cuál es su estrategia de juego, y las expectativas no se comunican bien, entonces incluso esos fichajes top podrían no marcar la diferencia. O peor todavía, ni siquiera aceptar tus promesas de contratos millonarios.
¿Y ahora qué?
Meta busca redefinir su rumbo con este laboratorio ultrasecreto y ultralujoso, con algunos activos multimillonarios ya fichados. El desafío real: pasar de la contratación espectacular a resultados tangibles en modelos, productos, ética y misión clara.
Aunque por ahora la atención está puesta en la guerra por el talento, el verdadero juicio vendrá cuando las inversiones comiencen a traducirse en IA tangible que supere a sus rivales más allá de interfaces atractivas o sus éxitos en redes sociales.




