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La imagen internacional que nuestro paí­s proyecta no parece ser precisamente de fortaleza, sobre todo después de que «los mercados» nos haya metido en vereda. Ya no basta con que nuestro ejecutivo tenga que escribir al dictado la polí­tica económica y los presupuestos generales del Estado. Todo por una llamada, todo por un tirón de orejas en medio de la clase: «Chicos malos, os vigilamos».

El olor a animal herido y acorralado se dispersa por el bosque. Llega el momento de presionar. Ahora. Es el turno de cambiar las leyes de propiedad intelectual en España. Son unos «piratones» redomados que van a acabar con la industria mundial de la música y del cine. No es casualidad la reciente publicación de un articulo titulado Pressure Grows on Spain to Curb Digital Piracy en las páginas del periódico estadounidense  New York Times. Algo así­ como crece la presión sobre España para frenar la piraterí­a digital.

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El artí­culo del New York Times comienza explicando que «se espera» que los legisladores españoles aprueben este año una medida que permita cerrar rápidamente sitios sospechosos de facilitar el intercambio de ficheros. También recoge que, por tercer año consecutivo, las autoridades de comercio estadounidenses han incluido a España en la lista negra de paí­ses que vulneran los derechos de propiedad intelectual por su «piraterí­a a través de Internet particularmente importante».  El texto está salpicado de declaraciones de entrevistados: un profesor de universidad antiguo locutor de radio, un abogado especializado en medios de comunicación, un cantante, y el presidente de una asociación de internautas.

Este artí­culo llega poco después de que Hollywood amenazara con dejar de vender pelí­culas en DVD en España, y culpara a los españoles de «piraterí­a». A principios de abril, el Director General de Sony Pictures, Michael Lynton, declaraba que «España está a punto de dejar de ser un mercado viable de entretenimiento doméstico para nosotros». En anteriores ocasiones, Lynton ha expresado públicamente su desagrado por la Red, y ha insistido en que nada bueno puede salir de Internet.

Foto superior: Kate Gardiner