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Los japoneses son expertos en hacer de la obscenidad un arte, quizá por ello son los inventores de bastantes conceptos, cuanto menos inquietantes, relativos al sexo duro y tecnológico. El último es la teledildónica. Como los lectores más picantes ya habrán podido imaginar, la cosa va de dildos (vibradores de carácter eminentemente sexual) conectados a distancia a”¦ bueno, a algo o a alguien que haga que la experiencia pueda resultar más interesante que lo que nuestra mano acostumbra a ofrecer.

En Japón ya hay varias empresas enfrascadas en una loca carrera por dar con el artilugio teledildónico definitivo. Una de las más adelantadas es SCW Japan, que acaba de presentar una pareja de gadgets llamada Virtual Hole (el nombre no podí­a ser más crudo) y Virtual Module. El objetivo de ambos equipos no es otro que convertir el visionado de una pelí­cula porno en una experiencia más real e “inmersiva”.

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La primera pieza de este orgasmatrón futurista es una especie de botella de plástico que esconde en su interior el Virtual Cup, un masajeador para anatomí­as masculinas que, a primera vista, parece una trituradora diseñada por Apple y realizada en suave silicona médica. Alrededor de esta “interfaz de usuario”, disponible en varios modelos, el Virtual Hole integra nueve motores de vibración independientes y regulables que, se supone, imitan a la perfección la sensación proporcionada por el sexo real, sea del tipo que sea (se recomienda haber experimentado antes la parte real, para poder comparar).

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Aún más aterradora es la incorporación de un botón turbo cuya función es poner todos los motores a plena potencia. No nos extrañarí­a que esta caracterí­stica sea capaz de inducir a viajes astrales como los que se pegaba Homer Simpson en el sillón de masajes.

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Hasta aquí­, el Virtual Hole no se diferencia mucho de otros estimuladores sexuales masculinos. Lo interesante llega cuando lo emparejamos con un Virtual Module. Con aspecto de disco duro multimedia, el Virtual Module es un dispositivo que toma el control del Virtual Hole y lo configura para que el “masaje” mantenga el mismo ritmo que el espectáculo porno que el usuario esté viendo en ese momento. Sí­, amigos. Si la actriz de la pantalla se pone a cabalgar furiosamente, mejor rezad vuestras oraciones.

Virtual Module dispone de entradas y salidas de ví­deo para enchufar al televisor o DVD, y de un puerto USB para conectar al PC y utilizarlo con esa URL misteriosa que guardáis en los favoritos. La mala noticia es que no todas las pelí­culas o webs son compatibles con el invento y, para que funcione, debe contar con una certificación VFT proporcionada por SCW Japan.

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El artilugio se completa con varias lociones lubricantes a gusto del consumidor y cuyo uso no vamos a comentar porque ya es bastante evidente. También existe una versión femenina del masajeador, llamada Virtual Stick, para que ellas no se queden sin su parte de diversión. En SCW Japan aseguran que el uso de ambos artilugios puede dar una nueva dimensión a las videoconferencias con nuestra pareja cuando no la tenemos cerquita. Quizá tengan razón, pero conviene recordar que, en ciertos temas, la realidad siempre supera a la ficción. El Virtual Hole cuesta 200 dólares (unos 143 euros al cambio). Su equivalente para la anatomí­a femenina, el Virtual Stick, cuesta 100 dólares (72 euros).

Ví­a: Gizmodo

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