Si quieres ser un coleccionista de verdad, entonces haz como Jay Walker. Este excéntrico personaje tiene en su casa de Nueva Inglaterra una biblioteca de 334 metros cuadrados. ¿Y qué tiene de especial aparte de ser enorme? Para empezar, la parte superior está presidida por un satélite Sputnik 1 que cuelga del techo. Y no es una imitación, no, es un modelo original fabricado en la extinta Unión Soviética. Lo mismo sucede con el pequeño X-29 que ves a la izquierda de la imagen, “el primer avión que no puede hacer volar un piloto”, afirma el propio Walker, pues es un modelo teledirigido de la misma NASA.

Una excelente carta de presentación para la colección personal de este empresario, fundador de la firma de consultorí­a y asesorí­a electrónica Walker Digital. En cada rincón hay auténticas reliquias que Walker ha ido recolectando a base de subastas y buenos contactos. Por ejemplo, arriba podéis ver la parte mas electrónica de la biblioteca, con un ejemplar del ordenador de los cien dólares a la izquierda. El centro lo preside una máquina Enigma, usada por los nazis alemanas para cifrar y descifrar mensajes secretos.

Justo a su derecha reside la placa base de un Apple II, uno de los antiguos ordenadores de sobremesa de la compañí­a de la manzana, firmada por su cofundador Steve Wozniak. En el extremo derecho de la foto, eso que parece una radio de sobremesa con muchos cilindros en la parte superior, es un procesador de IBM que data de la década de 1960. Son sólo algunas curiosidades que uno puede encontrar en este santuario tecnológico, junto a varios inventos que pertenecieron al propio Thomas Edison.


Pero a Walker no le interesa sólo la tecnologí­a. Arriba podéis ver algunas joyas de anatomí­a y medicina. La imagen del centro es un trabajo del siglo XiX llamado Anatomia Universia, firmada por el ilustrador italiano Paolo Mascagni. Repartidos alrededor de ella, varios manuales e instrumental quirúrgico de la Guerra Civil Estadounidense, así­ como una auténtica frikada: la mano (Cosa) que se usó en el rodaje de la primera serie televisiva de la Familia Adams, firmada por todo el reparto.
¿Pero qué serí­a una biblioteca sin libros? Walker tiene un buen montón de ellos, algunos con cubiertas llenas de rubí­es, diamantes y oro. El del centro es una novela de Charles Dickens decorada con un retrato del autor. A su derecha, el primer libro de Historia que incluyó ilustraciones: Las Crónicas de Nuremberg, de 1493. El libro abierto arriba a la izquierda es la primera Biblia de la Historia traducida al inglés moderno: la Coverdale Bible, de 1535.

A este adinerado coleccionista también le gusta la astronomí­a. Junto a uno de los ventanales de su biblioteca, puede observar el firmamento con un telescopio Questar 7. Puede que Walker nunca haya pisado la Luna, pero sí­ que tiene una miniatura de nuestro satélite firmada por 9 de los 12 astronautas que, en teorí­a, han caminado sobre ella. El libro abierto del centro es el primer Atlas celestial en el que la Tierra no aparecí­a como el centro del sistema solar. Fue editado en 1660, con ilustraciones a cargo de Andrea Cellarius.

Todo ello aderezado con paneles iluminados y otros objetos decorativos hechos por el artista Clyde Lyns, así­ como un suelo al estilo Escher, diseñado por el propio Walker a partir de las ruinas de un diseño victoriano. En fin, un ejemplo que demuestra que, para algunos, gastarse un millón de dólares en un cine en casa es como soltar calderilla.

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Ví­a: Wired