Se acerca la Semana Santa y más de uno se prepara para fotografiar sus procesiones favoritas. Pero las fotos deben ser algo más que el retrato de un nazareno o el primer plano de la cara de una Virgen.

Aunque suene a tópico, es fundamental elegir una buena colocación. A veces es muy difí­cil conseguirlo, por la cantidad de gente que se concentra en la calle. Existen abonos de primera fila o balcones, pero suelen ser muy caros.

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Pero aún así­ tenemos algo de margen de maniobra. En las esquinas en las que gira una procesión tenemos más posibilidades de captar una buena foto. Por eso, es conveniente conseguir una guí­a que detalle previamente el recorrido, y colocarnos con antelación en el lugar apropiado.

Si tenemos personas colocadas delante que nos impiden la visión, hay un recurso: muchas cámaras digitales poseen una pantalla móvil o giratoria. Con ella podemos levantar la cámara por encima de nuestra cabeza y enfocar girando la pantalla de manera que podamos verla.

Luz y velocidad
Durante el dí­a, y especialmente si el cielo está despejado y el sol es radiante, conviene usar el flash de relleno, para difuminar las sombras excesivamente pronunciadas que se puedan producir.

Por la noche conviene quitar el flash por una cuestión estilí­stica, ya que la oscuridad, como el silencio, es uno de los atractivos de las procesiones nocturnas. Activa el modo nocturno de la cámara y, si te lo permite, aumenta su nivel de sensibilidad ISO.

También puedes usar el modo continuo, para disparar fotos a mayor velocidad.

Incluso utilizar las ráfagas, aunque este último recurso tiene el inconveniente de que a veces no deja configurar otras cualidades de la imagen, como el nivel de sensibilidad ISO o el flash.